Archivo mensual: febrero 2014

“Monólogos Internos…”

¿Quieres que te confiese algo? ¿De verdad deseas escucharme a mí? Está bien, como tú quieras, de todas maneras, necesito un poco de atención de vez en cuando, ya qué. La verdad [y he tenido mucho tiempo para pensarlo] es que he llegado a la conclusión de que no me arrepiento de absolutamente nada que haya hecho durante toda mi vida.

Y no es que haya sido la mejor persona de este mundo, no, no, no; decir eso de mí mismo sería mentirte de una manera tan vil que ni siquiera un hombre agonizante como yo puede permitirse. He tenido mis malos actos, por supuesto, también he mantenido una serie de hábitos y gustos por demás despreciables que jamás entendí cómo lograron apoderarse de mí; también, algunas de mis costumbres apestaban [figuradamente, claro] espantarían a cualquiera de tan solo enterarse, y sin contar, claro está, que le he hecho daño a muchas personas y he cometido cuantiosos errores que ahora mismo me encantaría enmendar, eso es seguro. Así que definitivamente no, no he sido la persona perfecta, simplemente he sido alguien común, un humano igual a ti,  igual a todos los que has conocido.

A pesar de estarte contando acerca de todas las barbaridades que han tomado posesión de mi vida; sigo opinando exactamente igual a como empecé este relato: No me arrepiento de nada. ¿Y quieren saber por qué? Pues es simple, porque en toda mi vida [o al menos en la mayor parte de ella] he sido completa y verdaderamente feliz.

Es que claro, y antes de que termines de sorprenderte con lo que acabo de confesar, permíteme explicarte un poco primero. ¿Qué significa la felicidad para ti? ¿Rara pregunta, eh? Lo sé, yo tampoco hubiera podido responder inmediatamente hace unos años sin haber primero meditado una respuesta convenientemente coherente para mí, pero como podrás darte cuenta, no es que me quede mucho tiempo para esperarte pacientemente hasta que pienses en algo inteligente, así que déjame responder por ti, sé exactamente lo que estás pensando: Felicidad significa sentirse contento por un nuevo amanecer, por saber que después de todo será un buen día; felicidad significa tener una sonrisa plasmada en el rostro y que nada de lo que suceda allá afuera te la quite; felicidad quiere decir cumplir tus metas, ver tus sueños hechos realidad, obtener lo que siempre has querido con el mínimo o el máximo de esfuerzo dependiendo de gustos personales; felicidad quiere decir sentirse acompañado, encontrar a la persona ideal con la que pasar el resto de nuestras vidas compartiéndolo todo; felicidad es… ejem…. ¿Puedes pasarme la mascarilla de oxígeno?… ¿Por favor?… Estoy a punto de ahogarme… rápido… si, esa… la de aquí arriba… gracias… … … … Mucho mejor… ¿En qué iba? O, cierto, felicidad significa también, suerte, y no hay mejor palabra para describirla.

¿Verdad que he dado en el clavo y prácticamente te he quitado de la boca todo lo que pudiste decirme? Si, ya sé que tengo razón, también pensaba como tú, también fui una persona normal alguna vez, también creía que el sentido de la vida era conseguirlo todo y dárselo completamente a las personas que más amas, eso era felicidad, y yo lo era, yo era feliz… además de un completo imbécil, un feliz imbécil, eso es lo que era.

No quiero parecer un petulante, pero con respecto a todo lo que significa ser feliz, lo tuve todo para ser el hombre más sonriente de esta tierra, o eso creí. No puedo negar que alguna vez anduve carente de algún pequeño detalle, pero eso siempre se solucionaba rápidamente, y el tiempo en el que hasta me sobraba todo aquello por lo que mucha gente muere en algún lugar del mundo para conseguir y así sobrevivir, era bastante más amplio. Recuerdo que tenía el mejor empleo del mundo, y de la paga ni hablar, mi jefe me trataba como una basura pero el resto de beneficios recompensaban el sacrificio de aguantarlo todos los días; tenía también una hermosa casa, nada pretenciosa, pero admito que el noventa por ciento de la población de este país vive en pocilgas y cuchitriles comparadas con mi humilde y acogedor hogar. ¿Qué puedo decir? Ese era el fruto de mi esfuerzo, trabajo duro, dedicación y de la cuantiosa herencia  que me dejó mi padre al morir la cual fue invertida debidamente; pero además de ese “pequeño” empujoncito que vino gracias a mi condición de haber nacido en la familia adecuada, el resto de lujos de los que vivía rodeado, habían sido gracias a las gotas de sudor que salieron de mi frente y recorrieron mi rostro, especialmente cuando era verano y estaba felizmente vacacionando en una playa a la que no entraban las personas que no eran de mi condición; pero ustedes entienden; sudor de la frente al fin y al cabo.

¡Y no se imaginan a la mujer con la que me casé! La mujer más bella y hermosa que pudo haber pisado esta tierra; esa mirada encantadora, cabello castaño y lacio, con un cuerpo envidiable por cualquier otra fémina, aunque confieso que jamás me demostró sus verdaderos y ocultos sentimientos hasta que le enseñé la hermosa sortija de compromiso con la que conseguí que aceptara casarse conmigo; la que costó casi tanto como el sueldo de unos doscientos obreros de construcción juntos trabajando quince horas diarias durante un par de meses como mínimo, números más o números menos ¿Qué más da? Y que ayudó en gran parte a que se animará en demostrarme lo que muy el fondo sentía por mí. La cuestión es que al final, en este sentido es lo único en lo que no tuve mucha suerte, pero todo sucede por algo. Creo que el amor para mí se le acabó cuando cumplí los cincuenta y las canas blancas empezaban a cubrir mi cabellera. Me dijo que ya no era el mismo, que había cambiado desde que nos conocimos, y yo la entiendo, creo que tiene razón, debe ser porque aún es una mujer inmadura, después de todo ella es veinte años menor que yo, y con el tiempo yo me comencé a convertir en un completo aburrido. Aunque hice todo para reconfortarla, fallé en el intento, a pesar de que le pedí al mayordomo de la casa que le caía tan bien a mi esposa que me enseñara esos pasos de tango que alguna vez los vi practicando juntos cuando llegaba del trabajo más temprano que costumbre, para matar el tiempo y no envejecer así de rápido como el dueño; siempre fui un desastre para bailar, de hecho era un desastre para casi todo, menos para darme cuenta de las cosas exactamente como sucedían. Es así que por su bien, y nuestra felicidad compartida, decidí firmarle el divorcio, y le entregué a mi querida esposa la vivienda entera toda para ella con mayordomo incluido, para que pueda acordarse de mí cuando caminara por sus pasillos. Yo, en cambio, tuve que volver a vivir a mi apartamento de soltero que me compró mi padre cuando decidió que ya debía ser un hombre independiente, lugar que no pisaba desde que contraje matrimonio con mi pobre esposa.

Pero ni hablar tampoco de nuestros queridos hijos, tuvimos tres y son nuestro orgullo, la mejor educación en el mejor colegio de curricula europea en el país. Ellos ya vuelan solos ahora, y de eso estoy contento, ya que hice todo para edificar su bienestar. Mis dos hijos mayores, varones ambos, ahora viven en el extranjero, probablemente se hayan casado, tengan un buen empleo y una vida como la que yo tuve, no lo sé, no los he vuelto a ver desde hace más de quince años, ni una llamada, ni una postal, ni siquiera un saludo por navidad o en mi cumpleaños, nada, la verdad no sé si siguen vivos o no, pero yo los entiendo, deben ser unas personas ocupadas, exitosas, de seguro les va bien. A la única que la veo todas las semanas es a mi hija menor, dieciocho añitos recién cumplidos mi nena, ya es toda una mujer, se parece en algo al mayordomo de la casa, ¿Saben? De seguro es por lo bien que cuidó y acompañó a mi en ese momento todavía esposa durante el embarazo, eso debe influir bastante. Puedo afirmar de que ella sí se acordará de su padre siempre, de eso estoy seguro, especialmente si cada vez que me visita sigo aumentándole la cantidad de dinero que le doy mensualmente de propinas para todos sus gastos extras, y todas la cuotas universitarias que mes a mes se duplican ya que le brindan una enseñanza de calidad. La educación de mis hijos es lo primero, y yo pagaré todo lo que sea necesario para ver sus sueños hechos realidad. Así que bien, después, después todo siguió su curso, creyéndome completamente feliz; con una mueca de alegría en el rostro todo es más fácil ¿Cierto? Nunca es tarde para darse cuenta que la idea está en sonreír ante cada momento malo que uno pueda tener, y así todo estará mejor. Estar contento es la mejor solución para los problemas, reír a carcajadas cuando uno debería ponerse a llorar es, en definitiva, la mejor cura posible.

Así fueron pasando los días, siendo yo el hombre más “feliz” de todo este maldito planeta, el que no tenía problemas, el que estaba contento si los demás a mi alrededor también lo eran, yo no importaba, no importaba que nadie estuviera a mi lado para conversar, no importaba que nadie estuviera ahí conmigo para leerme las letras más pequeñas del periódico del día porque ya la vista empezaba a fallarme, no hubo nadie ahí… para… ejem… ¿Podrías pasarme la… mascarilla de oxígeno nuevamente?… ¡Oh por dios!… ¿A quién quiero engañar?… ¡ERES UN ESPEJO!… ¡LE ESTOY HABLANDO A UN COMPLETO ANCIANO PERDEDOR REFLEJADO EN UN MALDITO ESPEJO DESDE HACE HORAS! ¡DESDE HACE DÍAS!… … … no importaba que tampoco hubiera alguien ahí para pasarte la mascarilla de oxígeno y tengas que hacerlo tú mismo, ni que nadie esté para recomendarte que dejes de fumar tantas cajetillas de cigarrillos a diario, para decirte que estaba mal, que solo ocasionaría tu muerte prematura, como efectivamente está pasando ahora, porque tampoco hubo alguien cerca cuando empezaste a arrancarte el cabello a manojos dentro de tu desesperación; cuando los músculos se te fueron debilitando poco a poco, ni el día en que el oncólogo de mierda te entregó los resultados de tus exámenes, el día en que te diagnosticaron cáncer terminal a los pulmones, y cuando te diste cuenta que solo te quedaban unos años más de “felicidad”… No hubo nadie, jamás hubo nadie, y tampoco hay nadie ahora.

Entonces, ahora te estarás preguntando: ¿Por qué digo que fui feliz? ¿Por qué no me arrepiento de nada? Pues la respuesta es bastante simple, pues porque en verdad lo fui, o al menos, creí serlo. Porque me sentía contento conmigo mismo en mi completa desgracia, porque vivía como alucinado de tanta jovialidad, porque ser feliz a fin de cuentas es eso, ser feliz es como estar drogado, ser feliz significa ser estúpido, ahora lo sé, ¡RECIEN ME DI CUENTA, MALDITA SEA! ser feliz es ignorar todo lo malo, ser feliz es encontrarle lo bueno a cualquier desgracia posible, ser feliz significa no importarte que tu vida valga poco menos que una nada, total, un nuevo día va a empezar… y todo estará bien… todo estará bien… todo estará bien…

¿Y por qué tampoco me  me arrepiento de nada que haya hecho? Porque no me arrepiento ni siquiera de haber pasado los últimos años fumando como un desquiciado, es más, hasta me alegro de haber causado mi muerte así; pero más que todo, la razón es porque me arrepiento más bien, de todo lo que no hice. Me arrepiento de no haber abandonado esa mi vida comprada, de no haber dejado mi maldito trabajo explotador, por no haber mandado al demonio a mi jefe y por no haber decidido dedicarme a la música, como siempre soñé desde niño. Me arrepiento de haberme fijado en una maldita que solo le importaba mi billetera, y no haber movido cielo y tierra por alguien quien me quería de verdad. Me arrepiento de haber criado a mis hijos a base de promesas, regalos, dinero y conveniencias con tal de sacármelos de encima, pero sobre todo, sobre todo me arrepiento de no haberme puesto a mí, en primer plano, por no haberme importado lo que yo quería verdaderamente, por haber pensado solamente en el bienestar de quienes no lo merecían, y no en el mío, por no haberme dado cuenta, que esto de ser feliz, de la manera como todos quieren serlo, es una reverenda porquería…

¿Nuevamente… podrías… una vez más… pasarme el?… ¿Qué más da? Ya solamente… solamente… déjame morir… tranquilo… y… nada más… … … … …

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