Archivo mensual: marzo 2013

“Las Palabras Que Perdimos…”

¿Qué puedo hacer cuando no sé qué decir? Cuando no se me ocurre nada bueno o interesante, ¿Cómo decir lo que tanto he callado? He aquí mi solución, así como Neruda, más no dentro de un verso… es momento de escribir. Lamento que puedan sentirse decepcionados o aburridos [ya saben, las mismas advertencias de toda la vida]

Palabras, tantas palabras en una sola, palabras, tan simple como eso…  ¿Cuántas hemos desperdiciado? ¿Cuántas usamos para decir algo sin sentido? ¿Sin razón? ¿Sin una idea? Aquellas palabras que solamente sirven para atraer la atención por unos instantes, una pregunta sin respuesta, una afirmación sin aceptación, palabras simples que son pronunciadas al aire, y que en el aire, se encargan a sí mismas de desaparecer.

¿Cómo encontrar las palabras correctas? ¿Cómo hacer que a uno pueda ocurrírsele pronunciar aquella frase que pueda romper el crudo silencio, que acabe con las desconfianzas, y que marquen el inicio, tal vez, de algo más que una conversación momentánea, y nada más?

Muchas veces las tenemos atravesadas directamente a la garganta, esperando por salir, y claro, constantemente lo hacen pero, ¿Y si no eran el momento oportuno para ser pronunciadas? ¿Y si no eran las correctas? ¿Y si cualquier otra hubiera servido de mejor manera? ¿Cómo saberlo?

Todos podemos hablar, pegar la lengua al paladar y emitir algo, todos podemos pronunciar un “hola” al ver a alguien y un “adiós” cuando tuviese que marchar, pero es más complicado aún [y no creo que me pase solo a mí] aquel momento, la pequeña parte de un miserable segundo o tal vez menos, en el que deberíamos pensar rápido y decir algo espontáneo y preciso, pero que termina por costarnos mucho el encontrarlo,  para conseguir que podamos decir más a menudo aquel “hola” a ese alguien, y otra, por supuesto, para que ese inminente “adiós”, no llegue tan pronto y tenga que acabarse todo, fugazmente como inició.

Quisiéramos poder ser siempre los mismos, conseguir mantener nuestra personalidad a cada instante, y con quien sea que tengamos delante de nosotros, pero, ¿Podemos hacerlo? Tal vez me dirán que sí, que es muy fácil, pero yo he logrado ganarme ciertas dudas, que hasta ahora no he podido culminar.  Seamos sinceros, ¿Podemos ser completamente iguales, frente a alguien a quien le tenemos plena confianza que con alguien que más que todo, nos inspira deseo, cariño, y aquellas [estúpidas] mariposas en el estómago?[saben a lo que me refiero] No lo sé, pero no lo creo, al menos yo no puedo, y creo que jamás conseguiré hacerlo.

Es demasiado simple conversar con alguien que no te inspira nada, con la que no te liga ningún sentimiento posible, más que tal vez una pequeña amistad. Pero sucede que cuando tenemos en frente a “ese” alguien con el que todo dentro nuestro cambia al momento de verla, ya no es tan simple como pudiese parecer, e intentar agradarle o entretenerla de alguna manera, se vuelve toda una epopeya, de cuesta arriba a cada instante, y corriendo el riesgo de que se ponga cada vez más duro, con cada palabra que digamos, o que no consigamos pronunciar.

“He callado tanto, que las palabras atraviesan mi garganta, y que si no fuera el caso, se encontrarían ahora en tus labios, y no aún, atrapados en los míos…”

Callamos, porque no podemos [o no sabemos exactamente] cómo decir aquello que queremos, pero también pronunciamos ciertas otras algo más inservibles ya, porque en esas circunstancias las palabras fluyen, como si las hubiéramos hablado toda la vida y sin ninguna clase de problemas. ¿Cómo hacer para encontrar el equilibrio perfecto, y saber exactamente qué es lo que hay que decir en cada situación? No me lo pregunten a mí, y sino más bien a todos aquellos que sean lo bastante espontáneos como para ocurrírseles un buen tema de conversación para ese alguien que te reemplaza el habla por un suspiro, y acabar así con toda clase de silencios.

Es por eso que deberíamos preocuparnos, ya hemos perdido tantas palabras, o en su defecto, las hemos dicho cuando no debíamos o frente a quien no se las merecía, que ya desaprovechamos, tal vez, nuestra oportunidad de utilizarlas, y hacer de ellas algo más que esos simples “hola” y  “adiós”, algo que pueda generar una buena conversación, y que a su vez esa conversación genere alguna otra clase de vínculo mucho más fuerte y duradero.

No puedes decirle un “te quiero” a alguien especial, no puedes decir un “¿Cómo estás?” un “Qué bueno verte” o un “Te extrañé toda mi vida” a la mujer que tienes sentada al frente tuyo y que no te presta atención sólo porque no sabes que decirle, y no existe un tema de conversación. No puedes decir un “Quédate conmigo” “No te apartes de mí” o un “Te voy a extrañar” cuando alguien se aleja de tu lado, no puedes simplemente decir un “¿Cómo te va” y así iniciar una conversación porque… Perdiste tus palabras, justamente en esas situaciones frente a aquella persona. Practicaste toda la semana, ideaste conversaciones infinitas que te asegurarían un momento satisfactorio, estabas seguro que saldría todo como lo esperabas… Pero no, estás bloqueado, mientras ella hace todo, conversa con todos, menos  contigo…

“Sentada al frente mío, y yo sin poderte hablar. ¿Qué decirte? ¿Sobre qué conversar? Algo mío que tal vez, ¿Te pueda interesar?”

Así se siente, así se siente querer decir algo, y no conseguirlo, algo así como una mezcla entre decepción, rabia, impotencia y vergüenza para con uno mismo, tragarnos las palabras o nunca haber tenido nada que comer, cuando el silencio lo es todo, y en ese todo nos quedamos.

Quisiera encontrar la manera para poder decir siempre lo que deseo, quisiera tener el valor o los principios correctos para expresar todo aquello que no me sale de los labios, pero en fin, tal vez y por eso escribo estas líneas, para intentar con letras, cuando las palabras no me resultan, ni mucho menos, me existen.

Digan lo que sienten, no pierdan tiempo, no se queden callados, aprovechen sus oportunidades o al menos inténtelo, o tal vez para cuando lean esto, ya habrán desperdiciado bastantes, así, tan igual como suelo hacerlo yo.

En fin, sea como sea, creo que ya no vamos a poder remediarlo, ni ahora, ni nunca, solo tendremos que esperar a una nueva ocasión , tal vez una pequeña, no pidamos mucho, y así, quien sabe, tal vez y pueda remediarse, o tal vez, y no…

No sé si conseguí el objetivo de encontrar las palabras adecuadas para escribir esto, lo más probable sea que no, pero de la forma que resulte, de todos modos ya se me acabaron, o simplemente, ya es mi momento para callar una vez más…

“Cállate, cierra la boca, o simplemente encuentra el infinito…”

El sonido del silencio... Tan atractivo, sólo a veces..."

El sonido del silencio… Tan atractivo, sólo a veces…”