“Otro sentido para la [mi] muerte…”

Hace no tanto tiempo atrás, me sucedió algo completamente poco convencional, algo que tal vez y en muchos, hubiera terminado por provocar irremediablemente el enloquecer por completo. Y aunque puedo asegurar que al menos, conmigo no sucedió así, [por que ya estoy loco de todas formas] lo único que provoco dentro de mí, fue en primera instancia, esa extraña sensación en el estómago que tengo desde pequeño, que llega oportunamente cuando algo me preocupa, o me emociona en demasía, y segundo, ese extraño dolor dentro de mi perturbada cabecita que no me deja llegar a pensar en otra cosa. Y es que desde aquella vez, no he conseguido dejar de recordar ello, ni por un segundo, fue algo que curiosamente, por un momento logró sacar del borde de la pintura dentro de un cuadro, que empujó del sendero incorrecto a mis pasos directamente hacia el opuesto que se supone que sería el correcto para cualquiera, a mi rutinaria y aburrida forma de pasar todos y cada uno de mis días, y a mi terca manera de vivir, pero más aún, de sobrevivir.

¿No han sentido alguna vez esa clara sensación en la que pueden tomar la decisión, de poder seguir quedándose en este mundo viviendo como una persona más, o de que con simplemente dar un “pequeño” paso hacia adelante, desde ese preciso momento, empezar a dormir plácidamente, para no volver a despertar nunca más? Pues, yo sí, y es sorprendente, por que nunca antes me había cuestionado acerca, de mi propia y venidera muerte…

Uno no puede saberlo con exactitud y jamás podría determinarlo con certeza, pero existen cuantiosas situaciones que puedan cambiar radicalmente la forma excéntrica de ser de una persona, cuando por azares de la vida [o de tu mala suerte] sucede lo más inesperado y  la de menos posibilidades de todas [por más estúpido que parezca] lo que genera demasiados cuestionamientos, particularmente en mí, si es que en realidad estoy haciendo las cosas verdaderamente “mal” como quiero que sean, o todo lo contrario…

En ese sentido, he adquirido un motivo más, para tener que volver a apelar al único momento donde podría estar más cerca de llegar a una conclusión sensata, y me refiero claramente al insomnio por supuesto, pero sin ningún resultado positivo. A partir de ahí, y teniendo cada noche el suficiente tiempo para pensarlo, he ideado algunas teorías sobre la “muerte” y sobre lo que se dice de ella, pero con lo que muchas veces, no estoy para nada de acuerdo.

Fue una situación demasiado extraña, y es que haber estado al borde de un precipicio [sé que si hubiera sido al borde de un edificio, hubiera sido más interesante] mirar hacia abajo, ponerse en los zapatos de un “acrofóbico” [dícese de aquel que mantiene un miedo crónico cuando se encuentra a cierta altitud del suelo] para sentirse igual a uno y contemplar los cientos de lugares, picos, piedras, plantas, y hasta basura que algún desconsiderado dejó regada por ahí, donde cada parte y extremidad de tu cuerpo podría impactar una y otra vez, vuelta tras vuelta y golpe tras golpe, hasta hacerse añicos. Pero todo esto sólo podría suceder si por alguna razón, extraña o interna, mis pies diesen un solo paso más hacia adelante, y que en consecuencia, me lleven directamente hasta un trágico, doloroso, pero tal vez y hasta satisfactorio deceso.

Pero, ¿Qué persona normal y sin ninguna clase de trastorno psicológico, podría desear caerse de un precipicio solo por placer? Probablemente ninguna, pero existen bastantes métodos con los que uno pudiese conseguirlo sin necesidad de desearlo, y solamente habiendo cometido la clara estupidez de pararse al borde, sin premeditar que alguien tal vez, lo pudiese empujar, o que alguna parte del terreno fuese sensible, y hubiera provocado así, que uno fuera directamente hacia su desgracia final.

Pero en mi caso, parado al borde de aquel camino al deceso, con las puntas de mis zapatos sobresaliendo del suelo, no había nada ni nadie que me pudiese empujar, el terreno estaba perfectamente estable, y no había ninguna razón por las que hubiese podido caer.

Ninguna, sino fuese por mi clara animosidad, en un momento, por querer tirarme voluntariamente, cerrar los ojos, respirar, y dejar que mis huesos se quiebren uno tras otro, total, el dolor no duraría mucho tiempo más. Pero aun así, a pesar de todo, no caí… Fué bastante irónico, por un momento quise lanzarme voluntariamente, pero algo “extra” me lo impidió, tal vez y por ahora, no debía auto aniquilarme…

¿Llegará el día en que deba hacerlo al fin? ¿Será que algo lo determina? ¿Podrá ser que muchas personas esten predestinadas a suicidarse sin justificación alguna? ¿Qué puede animarle y al mismo tiempo impedirle a alguien el decidir quitarse la vida en el momento que desee? ¿Qué fué lo que me impidió hacerlo a mi? ¿Qué es lo que pueda hacer a uno querer dejar de vivir en un momento determinado?

Demasiadas preguntas, y poco propósito de respuesta… [Me vuelve a doler la cabeza, fumo otro cigarrillo, preparo más café]

Muchas personas suelen llegar al punto de querer suicidarse, y literalmente a desear estar en el extremo de auto asesinarse de muchas y distintas maneras posibles, y es desde ahí que siempre he escuchado que las llaman “estúpidas” o que “no pueden afrontar sus problemas y por eso cometen esa tontería”… Tal vez y hasta antes de este incidente, yo también seguía pensando de la misma manera, pero creo que ahora puedo verlo de distinta forma, y entender perfectamente las razones de estas personas, aunque el explicarlo, sería demasiado complicado y no creo que podría escribirlo exactamente, como uno puede sentirse cuando se está al borde del fallecimiento, y cuando simplemente, depende de uno mismo y de nadie más, el quitarse la vida o no.

Viéndolo desde un punto de vista “Religioso”, aquel que mi abuelita me dijo después de regresar un domingo de la Iglesia donde  el cura de turno había menciona en su sermón, que el cardenal le había adoctrinado al terminar de leer y releer la biblia un par de veces, la cual fue traducida por San Jerónimo, pero que fue escrita por los apóstoles justo después de escuchar al mismísimo Jesús en una conversación o charla que habían tenido que: “Dios es el que te dio la vida, por lo tanto, es el único también que te la puede quitar”; y debo confesar que durante mucho tiempo pensé de esa manera, por la misma formación Católica que uno recibe, claro está, pero haciendo hablar un poco a la mitad “atea” que poseo, que me caracteriza y que también está presente en casi todas las personas solo que en distinta manera y auge, puedo preguntarme que “¿En verdad Dios [si es que existe en realidad, claro está] tendría el suficiente tiempo para preocuparse  por idear también un cómo matar a sus propias creaciones?” Pues, creo que no, no me parece que esta idea deba ser tan radical, porque si bien se le atribuye nuestra existencia a un “Dios”, no es simplemente que él vaya a decir “Bueno pues, hoy día, se van a morir ese, aquella, tal, cual y el otro de allá” y asunto solucionado, ¡Vámonos todos a descansar!”.

Pero no, muy a pesar de mis claras apologias por el suicidio, tampoco es que esté pensando en “liquidarme con mis propias manos” después de terminar de escribir esto, sería demasiado inconcebible que suceda, al menos claro, por ahora…

De lo único que una persona, puede estar segura, es que definitivamente morir es una triste obligación, y nadie la puede evitar hasta ahora, y probablemente  jamás pueda hacerse.

Ahora, para todos aquellos fieles a su creencias religiosas [lo cual no esta nada mal] y que tércamente sigan empecinandose en que Dios es el unico que los puede matar, les pongo la siguiente situación que me tomé la molestia de idear, y que creo, les hará meditar por un momento, sériamente sobre la opinión estrictamente cerrada que mantienen [no es que piense que vaya a convencerlos, aclaro]:

“Imaginen que son un gran general del ejército, el más valeroso o valerosa de todos y estas junto con tus soldados al mando en medio de la batalla decisiva de la guerra  y que de su desenlace dependerá el futuro de tu país. Hasta ahí todo bien, pero existe un pequeño problema, el enemigo te ha superado en número y ha mermado poco a poco con todos tus hombres, y es cuando te das cuenta, que la única resistencia que te queda, es tu fusil en la mano y tu habilidad para defenderte, porque el resto ya ha caído muerto y sólo quedas tú… Estas rodeado, no tienes escapatoria, tienes a cientos de enemigos acercándose hacia a ti, y no hay ayuda posible hasta un par de kilómetros… ¿Qué haces en esa precisa situación?

a)      Te quedas resistiendo hasta que te rodeen, te desarmen, te tomen prisionero, hagan contigo absolutamente todo [y cuando digo “todo” pues, me refiero a “todo”] lo que deseen, abusen de ti, humillen en público y luego, para coronar al helado con la cerecita en la punta, te den la más dolorosa, lenta  y agónica muerte de todas…

O

b)      Si de todas formas sabes que estas rodeado, que tu captura es inminente, que la muerte esta esperando sentada en un banco observando plácidamente lo que sucede al otro lado de la trinchera, aguardando para reirse a carcajadas de tu desgracia, para llevarte con ella, y que solo es cuestión de segundos para que te encuentren… Colocas la punta de tu fusil en la boca, tiras del gatillo y haces que una bala penetre tus cavidades hasta perforarte el cerebro para así evitar que tu cuerpo aún viviente sufra el peor de los maltratos y no darles la satisfacción de haberte asesinado de la forma que a ellos les hubiese encantado…

Creo que la respuesta es demasiado simple, al menos para mí lo es, particularmente yo, escogería la opción “b” creo que sería, estando en una situación así, la más valerosa, sensata, orgullosa y honorífica manera de morir, “Por tus propias manos y las de nadie más”. Pero eso desde mi punto de vista, ¿Cuál sería la opción que escogerían ustedes?

Con esto quiero dejar en claro, que no pienso permitir que alguien o algo  [una enfermedad que voluntariamente no haya deseado contraer] acabe conmigo sin mi previo consentimiento,  porque no me gustaría, y no sé qué opinen ustedes, tener que llegar a estar postrado en una cama, sin lograr mover un dedo, abrir los ojos y nisiquiera conseguir llorar un par de lágrimas almenos, con un tubo pasando por mi tráquea y conectado a una máquina de la que dependan mis últimos latidos, sabiendo que tal vez y en el hipotético caso, alguien pueda estar sufriendo por estar presenciando la patética situación en la que me encuentro. Definitivamente, antes de llegar hasta ahí, ahorcaría mi cuello con mis propios dedos, tomaría alguna clase de pastilla, me lanzaría voluntariamente de algún acantilado, o me dispararía en la cien para así acabar con mi existencia, de la manera más rápida e indolora, porque si de todas formas tengo que morir, será por mis propios medios y no por los de alguien más…

En fin, hablar sobre la muerte es demasiado extenso, y en verdad ya no se me ocurre nada más con lo que continuar este pequeño escrito, así que finalizare dejándoles una última pregunta:

“Si pudieran decidir, premeditar y detallar específicamente la manera de su muerte…

¿Cómo sería? ¿Se atreverían acaso?

 

"El suicidio, es, y será siempre una opción... Caeré con mis propios métodos, y por mis propias manos..."

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Acerca de eldespistado

Escritor, [No he publicado nada, pero al menos lo intento] lector empedernido y blogger / Si buscas gente cuerda, no soy el indicado / Sobre mí no quieres saber mucho más... Ver todas las entradas de eldespistado

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