“Monólogos Internos…”

¿Quieres que te confiese algo? ¿De verdad deseas escucharme a mí? Está bien, como tú quieras, de todas maneras, necesito un poco de atención de vez en cuando, ya qué. La verdad [y he tenido mucho tiempo para pensarlo] es que he llegado a la conclusión de que no me arrepiento de absolutamente nada que haya hecho durante toda mi vida.

Y no es que haya sido la mejor persona de este mundo, no, no, no; decir eso de mí mismo sería mentirte de una manera tan vil que ni siquiera un hombre agonizante como yo puede permitirse. He tenido mis malos actos, por supuesto, también he mantenido una serie de hábitos y gustos por demás despreciables que jamás entendí cómo lograron apoderarse de mí; también, algunas de mis costumbres apestaban [figuradamente, claro] espantarían a cualquiera de tan solo enterarse, y sin contar, claro está, que le he hecho daño a muchas personas y he cometido cuantiosos errores que ahora mismo me encantaría enmendar, eso es seguro. Así que definitivamente no, no he sido la persona perfecta, simplemente he sido alguien común, un humano igual a ti,  igual a todos los que has conocido.

A pesar de estarte contando acerca de todas las barbaridades que han tomado posesión de mi vida; sigo opinando exactamente igual a como empecé este relato: No me arrepiento de nada. ¿Y quieren saber por qué? Pues es simple, porque en toda mi vida [o al menos en la mayor parte de ella] he sido completa y verdaderamente feliz.

Es que claro, y antes de que termines de sorprenderte con lo que acabo de confesar, permíteme explicarte un poco primero. ¿Qué significa la felicidad para ti? ¿Rara pregunta, eh? Lo sé, yo tampoco hubiera podido responder inmediatamente hace unos años sin haber primero meditado una respuesta convenientemente coherente para mí, pero como podrás darte cuenta, no es que me quede mucho tiempo para esperarte pacientemente hasta que pienses en algo inteligente, así que déjame responder por ti, sé exactamente lo que estás pensando: Felicidad significa sentirse contento por un nuevo amanecer, por saber que después de todo será un buen día; felicidad significa tener una sonrisa plasmada en el rostro y que nada de lo que suceda allá afuera te la quite; felicidad quiere decir cumplir tus metas, ver tus sueños hechos realidad, obtener lo que siempre has querido con el mínimo o el máximo de esfuerzo dependiendo de gustos personales; felicidad quiere decir sentirse acompañado, encontrar a la persona ideal con la que pasar el resto de nuestras vidas compartiéndolo todo; felicidad es… ejem…. ¿Puedes pasarme la mascarilla de oxígeno?… ¿Por favor?… Estoy a punto de ahogarme… rápido… si, esa… la de aquí arriba… gracias… … … … Mucho mejor… ¿En qué iba? O, cierto, felicidad significa también, suerte, y no hay mejor palabra para describirla.

¿Verdad que he dado en el clavo y prácticamente te he quitado de la boca todo lo que pudiste decirme? Si, ya sé que tengo razón, también pensaba como tú, también fui una persona normal alguna vez, también creía que el sentido de la vida era conseguirlo todo y dárselo completamente a las personas que más amas, eso era felicidad, y yo lo era, yo era feliz… además de un completo imbécil, un feliz imbécil, eso es lo que era.

No quiero parecer un petulante, pero con respecto a todo lo que significa ser feliz, lo tuve todo para ser el hombre más sonriente de esta tierra, o eso creí. No puedo negar que alguna vez anduve carente de algún pequeño detalle, pero eso siempre se solucionaba rápidamente, y el tiempo en el que hasta me sobraba todo aquello por lo que mucha gente muere en algún lugar del mundo para conseguir y así sobrevivir, era bastante más amplio. Recuerdo que tenía el mejor empleo del mundo, y de la paga ni hablar, mi jefe me trataba como una basura pero el resto de beneficios recompensaban el sacrificio de aguantarlo todos los días; tenía también una hermosa casa, nada pretenciosa, pero admito que el noventa por ciento de la población de este país vive en pocilgas y cuchitriles comparadas con mi humilde y acogedor hogar. ¿Qué puedo decir? Ese era el fruto de mi esfuerzo, trabajo duro, dedicación y de la cuantiosa herencia  que me dejó mi padre al morir la cual fue invertida debidamente; pero además de ese “pequeño” empujoncito que vino gracias a mi condición de haber nacido en la familia adecuada, el resto de lujos de los que vivía rodeado, habían sido gracias a las gotas de sudor que salieron de mi frente y recorrieron mi rostro, especialmente cuando era verano y estaba felizmente vacacionando en una playa a la que no entraban las personas que no eran de mi condición; pero ustedes entienden; sudor de la frente al fin y al cabo.

¡Y no se imaginan a la mujer con la que me casé! La mujer más bella y hermosa que pudo haber pisado esta tierra; esa mirada encantadora, cabello castaño y lacio, con un cuerpo envidiable por cualquier otra fémina, aunque confieso que jamás me demostró sus verdaderos y ocultos sentimientos hasta que le enseñé la hermosa sortija de compromiso con la que conseguí que aceptara casarse conmigo; la que costó casi tanto como el sueldo de unos doscientos obreros de construcción juntos trabajando quince horas diarias durante un par de meses como mínimo, números más o números menos ¿Qué más da? Y que ayudó en gran parte a que se animará en demostrarme lo que muy el fondo sentía por mí. La cuestión es que al final, en este sentido es lo único en lo que no tuve mucha suerte, pero todo sucede por algo. Creo que el amor para mí se le acabó cuando cumplí los cincuenta y las canas blancas empezaban a cubrir mi cabellera. Me dijo que ya no era el mismo, que había cambiado desde que nos conocimos, y yo la entiendo, creo que tiene razón, debe ser porque aún es una mujer inmadura, después de todo ella es veinte años menor que yo, y con el tiempo yo me comencé a convertir en un completo aburrido. Aunque hice todo para reconfortarla, fallé en el intento, a pesar de que le pedí al mayordomo de la casa que le caía tan bien a mi esposa que me enseñara esos pasos de tango que alguna vez los vi practicando juntos cuando llegaba del trabajo más temprano que costumbre, para matar el tiempo y no envejecer así de rápido como el dueño; siempre fui un desastre para bailar, de hecho era un desastre para casi todo, menos para darme cuenta de las cosas exactamente como sucedían. Es así que por su bien, y nuestra felicidad compartida, decidí firmarle el divorcio, y le entregué a mi querida esposa la vivienda entera toda para ella con mayordomo incluido, para que pueda acordarse de mí cuando caminara por sus pasillos. Yo, en cambio, tuve que volver a vivir a mi apartamento de soltero que me compró mi padre cuando decidió que ya debía ser un hombre independiente, lugar que no pisaba desde que contraje matrimonio con mi pobre esposa.

Pero ni hablar tampoco de nuestros queridos hijos, tuvimos tres y son nuestro orgullo, la mejor educación en el mejor colegio de curricula europea en el país. Ellos ya vuelan solos ahora, y de eso estoy contento, ya que hice todo para edificar su bienestar. Mis dos hijos mayores, varones ambos, ahora viven en el extranjero, probablemente se hayan casado, tengan un buen empleo y una vida como la que yo tuve, no lo sé, no los he vuelto a ver desde hace más de quince años, ni una llamada, ni una postal, ni siquiera un saludo por navidad o en mi cumpleaños, nada, la verdad no sé si siguen vivos o no, pero yo los entiendo, deben ser unas personas ocupadas, exitosas, de seguro les va bien. A la única que la veo todas las semanas es a mi hija menor, dieciocho añitos recién cumplidos mi nena, ya es toda una mujer, se parece en algo al mayordomo de la casa, ¿Saben? De seguro es por lo bien que cuidó y acompañó a mi en ese momento todavía esposa durante el embarazo, eso debe influir bastante. Puedo afirmar de que ella sí se acordará de su padre siempre, de eso estoy seguro, especialmente si cada vez que me visita sigo aumentándole la cantidad de dinero que le doy mensualmente de propinas para todos sus gastos extras, y todas la cuotas universitarias que mes a mes se duplican ya que le brindan una enseñanza de calidad. La educación de mis hijos es lo primero, y yo pagaré todo lo que sea necesario para ver sus sueños hechos realidad. Así que bien, después, después todo siguió su curso, creyéndome completamente feliz; con una mueca de alegría en el rostro todo es más fácil ¿Cierto? Nunca es tarde para darse cuenta que la idea está en sonreír ante cada momento malo que uno pueda tener, y así todo estará mejor. Estar contento es la mejor solución para los problemas, reír a carcajadas cuando uno debería ponerse a llorar es, en definitiva, la mejor cura posible.

Así fueron pasando los días, siendo yo el hombre más “feliz” de todo este maldito planeta, el que no tenía problemas, el que estaba contento si los demás a mi alrededor también lo eran, yo no importaba, no importaba que nadie estuviera a mi lado para conversar, no importaba que nadie estuviera ahí conmigo para leerme las letras más pequeñas del periódico del día porque ya la vista empezaba a fallarme, no hubo nadie ahí… para… ejem… ¿Podrías pasarme la… mascarilla de oxígeno nuevamente?… ¡Oh por dios!… ¿A quién quiero engañar?… ¡ERES UN ESPEJO!… ¡LE ESTOY HABLANDO A UN COMPLETO ANCIANO PERDEDOR REFLEJADO EN UN MALDITO ESPEJO DESDE HACE HORAS! ¡DESDE HACE DÍAS!… … … no importaba que tampoco hubiera alguien ahí para pasarte la mascarilla de oxígeno y tengas que hacerlo tú mismo, ni que nadie esté para recomendarte que dejes de fumar tantas cajetillas de cigarrillos a diario, para decirte que estaba mal, que solo ocasionaría tu muerte prematura, como efectivamente está pasando ahora, porque tampoco hubo alguien cerca cuando empezaste a arrancarte el cabello a manojos dentro de tu desesperación; cuando los músculos se te fueron debilitando poco a poco, ni el día en que el oncólogo de mierda te entregó los resultados de tus exámenes, el día en que te diagnosticaron cáncer terminal a los pulmones, y cuando te diste cuenta que solo te quedaban unos años más de “felicidad”… No hubo nadie, jamás hubo nadie, y tampoco hay nadie ahora.

Entonces, ahora te estarás preguntando: ¿Por qué digo que fui feliz? ¿Por qué no me arrepiento de nada? Pues la respuesta es bastante simple, pues porque en verdad lo fui, o al menos, creí serlo. Porque me sentía contento conmigo mismo en mi completa desgracia, porque vivía como alucinado de tanta jovialidad, porque ser feliz a fin de cuentas es eso, ser feliz es como estar drogado, ser feliz significa ser estúpido, ahora lo sé, ¡RECIEN ME DI CUENTA, MALDITA SEA! ser feliz es ignorar todo lo malo, ser feliz es encontrarle lo bueno a cualquier desgracia posible, ser feliz significa no importarte que tu vida valga poco menos que una nada, total, un nuevo día va a empezar… y todo estará bien… todo estará bien… todo estará bien…

¿Y por qué tampoco me  me arrepiento de nada que haya hecho? Porque no me arrepiento ni siquiera de haber pasado los últimos años fumando como un desquiciado, es más, hasta me alegro de haber causado mi muerte así; pero más que todo, la razón es porque me arrepiento más bien, de todo lo que no hice. Me arrepiento de no haber abandonado esa mi vida comprada, de no haber dejado mi maldito trabajo explotador, por no haber mandado al demonio a mi jefe y por no haber decidido dedicarme a la música, como siempre soñé desde niño. Me arrepiento de haberme fijado en una maldita que solo le importaba mi billetera, y no haber movido cielo y tierra por alguien quien me quería de verdad. Me arrepiento de haber criado a mis hijos a base de promesas, regalos, dinero y conveniencias con tal de sacármelos de encima, pero sobre todo, sobre todo me arrepiento de no haberme puesto a mí, en primer plano, por no haberme importado lo que yo quería verdaderamente, por haber pensado solamente en el bienestar de quienes no lo merecían, y no en el mío, por no haberme dado cuenta, que esto de ser feliz, de la manera como todos quieren serlo, es una reverenda porquería…

¿Nuevamente… podrías… una vez más… pasarme el?… ¿Qué más da? Ya solamente… solamente… déjame morir… tranquilo… y… nada más… … … … …

...

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“Bohemia Ciega”

Yo que he visto más que cualquiera en esta tierra y puedo jactarme de eso, cosas inimaginables, cosas que solo se encuentran en los sueños, cosas prohibidas, cosas sin sentido, cosas de las que me arrepiento, y cosas por las que cualquiera dejaría todo, absolutamente todo, con tal de poder volver a verlas una vez más…

Yo que he viajado por el mundo entero,

desde lo más lejos, hasta lo más cerca,

ciudades, paisajes, valles y desiertos,

templos magníficos y calles vedadas,

mares y ruinas centenarias,

vestigios ocultos y cavernas sin explorar…

Yo que lo recorrí todo,

desde lo más grande, hasta lo más pequeño

que pisé nubes del cielo  y pétalos de una rosa,

que me bañe en una gota de agua y

escuché a un canario cantar desde su nido…

Yo que consolé lágrimas y produje sonrisas,

que escuché todas las canciones,

que compuse todas las melodías,

que conocí a todos los hombres

que compartí con todas las razas,

que bailé al ritmo de toda música,

que lleve mi mensaje a todos los oídos,

y que intenté así también,

que aquello durara para siempre…

Ahora, ahora ya no tengo nada, aquellos días ya pasaron, se fueron volando y desaparecieron así tan rápido como llegaron, se esfumaron tan sorpresivamente que no pude hacer nada, ni el mínimo esfuerzo  para evitarlo.

Recuerdo bien el preciso momento, después de haber conocido el Aleph, y tenido en mis manos el libro de arena. Lo perdí todo aquella mañana, la única que irónicamente no he olvidado. Una mañana común sin nada de extraño en particular, excepto por un único detalle, el que cambiaría mis días para siempre: Digamos que mi nombre es Acevedo, y que he vivido ciego los últimos cuarenta años, más de la mitad de mi vida.

Pues sí, estoy ciego, y no me queda de otra. Ahora ya no es tan duro como lo fue en un principio, claro, uno se acostumbra a una condición como esta, o tal vez solo le llega a dar igual, supongo. Vivir de esta manera, ha hecho que no pueda evitar preguntarme cuánto habrá cambiado el mundo desde que mis ojos ya no son capaces de observarlo. ¿Habrá algo diferente? ¿Las personas serán distintas? ¿Valdría la pena el añorar recuperar mis ojos en este momento, o solo me llevaría una gran decepción? Tal vez y para alguien como yo, que ya lo ha visto todo, los ojos ya no sean tan relevantes.

Como sea, ya estoy bastante viejo y bastante ciego como para andar preguntándome esas cosas. ¿Qué puedo hacer ahora, entonces? Envejecido, debilitado, y esta vida de niebla eterna y formas amarillas que no ha hecho más que enseñarme cosas, pero de la que no me puedo escapar. ¿Habrán sido estos últimos cuarenta años un mero castigo, acaso? ¿O tal vez y un regalo? ¿Quién podría responder por mí?

Solo me queda pensar,

que esta blanca bruma, algún día,

en oscuridad total se transformará,

que muy pronto llegará el día

que así como mi ceguera,

la ansiosa muerte me despertará,

me llevará entre sus brazos,

para nunca más volverme a levantar…

Ya no me queda entonces nada,

que decirme a mí mismo así sin más

que el tiempo solamente voló para mí,

que las cosas y el mundo que recuerdo

no han cambiado en nada

y todo sigue siendo igual

igual de hermoso, igual de triste,

que un verso aun llena las almas,

y que ningún corazón roto,

se ha quedado sin reparar…

Es después de todo esto, después de verlo todo y a la vez no ver nada, en que puedo darme cuenta que solo un impedimento causado por mi condición me pesa más que todo lo demás. Al demonio con todo lo que he visto, hecho y escuchado, tan solo me duele, me duele no tener ojos, para así, poder leer un libro más…

“Ahora soy solamente un lector de palabras escritas, que mis ojos ya no pueden observar…”

Tributo a Jorge Luis Borges [Al menos lo intenté]

[Intento de] Tributo a Jorge Luis Borges


“Uno más, o uno menos…”

Esto es raro. [Siempre es raro ¿Por qué todo es tan raro?] Ha pasado tanto tiempo, y todavía puedo llegar a tener presente ciertos recuerdos de aquella infancia que ya se me fue así como vino. Creo que les pasa a todas las personas, con esas ciertas imágenes o fotografías mentales, o mini filmaciones por así decirlo, que aparecen de vez en cuando de vuelta a nuestras cabezas, sobre  algo o  alguna situación pasada que haya conseguido influenciarnos de tal manera, que por su importancia consigan que hasta ahora podamos recordarlas.

Puedo decir que desde hace unos días alguna escena en particular se ha venido presentando con más frecuencia que otras, supongo, y por encima de cualquier otra que pudiera presentárseme, es específicamente una que me llama bastante la atención. Me recuerdo a mí mismo, tal vez hace unos diez años, no puedo estar seguro; contento, alegre festejando aquel día “especial” que todo niño espera con ansias durante muchos meses, rodeado de mi familia o de muchas personas especiales, y es lo que, mucho tiempo después, hace que me dé cuenta que para mí, festejar un “año más” de existencia siempre fue como lo hacen todos, sintiéndome el rey del mundo o que todo era mío durante todo un día entero en el que solo tenía que pedirlo para conseguirlo.

 Todo eso me hace creer cada vez más que si bien es cierto la gente no cambia, las situaciones, opiniones, pensamientos momentos o lo que sea [creo que me dejo entender] si pueden variar radicalmente y jamás volver a ser lo que fueron antes.

Han pasado otros diez años exactamente, y ya no puedo entender el sentido que yo mismo le encontraba al “festejar” y “conmemorar” aquel día en que se supone ví la luz, pasando a convertirse en uno de los días más detestables de todos en el que solo puedo darme cuenta de que uno anda rodeado de hipocresía y sobre todo, de mucho tiempo perdido.

¿Que por qué no me gusta mi “cumpleaños”? en primera instancia, y antes de intentar responder una pregunta tan tonta, debo aclarar que para empezar, ni siquiera estoy de acuerdo con el término de “cumpleaños” así que desde ahí ya andamos bastante mal.

Pues sí, ya que analizando y partiendo en dos a la palabra “cumpleaños” obtenemos que deriva de “cumplir” y “años” [si, si, hasta un niño de 3 años puede darse cuenta de eso] así que por lo tanto, esa palabra generaría como consecuencia que al “cumplir años” un año más esté siendo aumentado a nuestra existencia, y es desde precisamente ese punto de “aumentar” años vividos, en el que mi relación con esa fecha, va últimamente de mal en peor. [Tan difícil de entender no es]

¿Pero qué problema con todo esto? Pues resulta que al creer que simplemente nos sumamos un año más, puede darnos a la idea que estos a su vez, en el transcurso del tiempo, puedan seguir acumulándose uno tras otro inconteniblemente y que seguirán así por el resto de la eternidad. [la vida eterna, ¿Dije? ¿Quién de ustedes  quiere vivir cien años? ¿Todos, verdad? Es una lástima] Y es así, dejémonos de rodeos, ya que cuando menos nos lo esperamos, esta vida que da  tantas vueltas convirtiendo nuestra respiración en un círculo vicioso de pronto ¡Pum! nos da el mayor golpe de nuestros días, quedamos totalmente noqueados  y nos damos cuenta que después de todo, no teníamos la vida comprada y que desde un inicio, conocer a nuestros biznietos era ya soñar en grande [últimamente podríamos mencionar que sólo los suertudos  llegan a conocer a sus nietos, pero hablar de poder cargar a tu bisnieto, pues eso ya es casi una locura]

Es por eso que, en vez de ir añadiéndole años  a nuestra vida, creyendo que seguirá así por mucho tiempo más; prefiero pensar que cada año que pasa, es simplemente un año menos. ¿Algo duro de pensar y hasta repudiable para aquellos totalmente positivos y con una sonrisa clavada en el rostro hasta cuando deberían entregar una lágrima, no? pero pues sí, para mí, cada año que vivo, es simplemente uno menos, un año que ya viví, un año que ya paso, un año del que deberé determinar si aproveché verdaderamente o lo tiré a la basura, porque quiéranlo o no, esta vida es demasiado corta, sabemos que la mayoría de las personas que lean esto no vamos a vivir por encima de unos 75 o máximo unos 80 años con suerte, así que entonces sabiendo que el tiempo se nos acaba, ¿Por qué perderlo creyendo que podremos vivir para siempre? ¿Por qué malgastarlo pensando que todavía hay suficiente tiempo para hacer luego lo que podríamos estar haciendo en este mismo instante? ¿Por qué no podemos darnos cuenta de eso? ¿Por qué?

No sé ustedes, pero yo me quedo desde ahora con mi “incumpleaños” palabra que al partirla genera otras dos, como son “incumplir” y “años” que dan a entender que en vez de sumar, simplemente, ahora me he dado cuenta que un nuevo año, se le ha restado a la cantidad de años que aún me quedan por vivir. [Eso también es bastante sencillo de entender]

“No te deseo el mal, pero ojalá consigas respirar eternamente…”

Pero no solamente desde el título que se le brinda popularmente a este día, las cosas van bastante mal, sino que desde que amanece las situaciones desagradables comienzan a darse.

Este debería ser nombrado como el “día mundial del caradurismo” [si existe esa palabra] o el “día de la mayor hipocresía” creo que esos nombres le caerían más a pelo, por así decirlo. Primero todo el mundo se acuerda de ti, personas a las que no has visto en años, a las que solamente tratas de simples “hola” con las que nunca has compartido tiempo importante, a las que jamás consideraste ni siquiera como tus amistades,  o hasta las que llegan a odiarte irreversiblemente [Pero claro, ellos no saben que tú sabes que te odian], y es cuando de pronto todo el mundo quiere desearte el mejor cumpleaños de todos, que la pases excelente, pero ¡Claro! ¡Que no te olvides de avisarles para el respectivo festejo! ¡Qué interesante! ¿No les parece? El resto del año ni tu ni esa persona se acuerda de la existencia del otro, y de repente siempre te han tenido presente, así que será el motivo para festejar un año más en la vida de tu mejor amigo.

Pero no digo que todos los saludos sean de esta manera, y creo que ésta es incluso la parte más agradable y positiva [de lo poco agradable y positivo] de este día. Y es por supuesto, saber que existe un pequeño grupo de personas, que sabes con seguridad y con certeza, que efectivamente se acordaron hace días de la fecha de tu “cumpleaños”; con las que has compartido los más grandes momentos de tu vida, y los que te consideran verdaderamente alguien importante y fundamental. Para ellos, debería recaer nuestra eterna gratitud, y nuestros intentos por conservarlos durante la mayoría del tiempo que nos quede todavía, mucho más de que personalmente, deteste ese día solo un poco menos que los Lunes por la mañana.

Creo que a pesar de todo, a nadie debería gustarle el día en que nació, al menos esa es mi opinión, no culpo a la gente que si le encante festejar su gran día hasta las últimas consecuencias, pero me parece que solamente contribuye con la idiotez ajena, que por supuesto, sale la mayoría de veces, enteramente de su propia billetera…

¿Que por qué no me gusta mi “cumpleaños”? Pues, no tengo ni la menor idea…

“Un año más, un año menos ¿Qué más da?

Soborna con intereses al verdugo,

Aún te quedan muchos por soportar…”

¿Importa en verdad?

¿Importa en verdad?


“Acerca de algo, más positivo…”

Esto es bastante raro, si, raro en el sentido de que estoy experimentando una sensación que no creí posible que pudiese suceder para conmigo, claro está, si nos referimos a “imposible” de que una persona como quien les escribe esto llegara a sentir este algo tan particular, aún así sabiendo, que algún tiempo atrás, sentirme así era algo cotidiano, y que poco a poco fue desapareciendo en mí…

¿No han entendido una sola palabra de lo que escribí? pues sí, ya lo sé, tampoco yo lo entiendo muy bien, así que para dejarme de cosas, digamos que  tengo que decir que particularmente hoy, después de todo y para mi gran sorpresa… Ha sido un buen día.

Un buen día en el sentido más tonto [tal vez] que pudiesen esperarse, ya que hoy estuvo formado por una serie de pequeñas situaciones satisfactorias suscitadas oportunamente, en el momento justo y una tras otra, tras otra vez… como nunca antes, así que siendo de esta manera, estoy bastante animado en escribir algo completamente distinto, algo que exprese aunque no completamente el momento por el que estoy pasando y que saque una pequeña sonrisa a alguien más aparte de mí.

Todos ustedes pueden decir que con mucha recurrencia, ciertos días, son mucho mejores que otros tantos, no sé con qué frecuencia ni porqué clase de circunstancias, pero les ha sucedido, ¿No es así?

En fin, yo no puedo saber con exactitud qué es lo que convierte a un día común y como cualquier otro, en  ese tan esperado “buen día” para la mayoría de personas, e incluso para mí mismo, que es un tema sobre el que desconozco mayormente.

Pero entonces llegamos hasta la siguiente pregunta: Si es que no sé qué es lo que hace de un día cualquiera, un “buen día”, ¿Cómo puedo saber que hoy es un “buen día” para mí?

Para empezar, la respuesta es bastante sencilla, y es que en vista de todo lo que he conseguido ver y experimentar de las vidas de otras personas, comparadas con la mía, he podido llegar a la conclusión, que todos y cada uno, estaban tres veces más contentos de que el sol saliese por una mañana más, a comparación de mí, que solo quería que se regrese por donde salió, para así poder continuar conversando con la muchas veces inexistente en el cielo de esta ciudad, Luna.

Pero ¿Qué de especial le veían tantas personas a poder respirar tranquilamente un día más y saber que después de todo, aún estaban vivos? Jamás lo había entendido, claro, hasta hoy, y fue específicamente hoy, que me di cuenta, que tal vez si, debía de estar agradecido por volver a ver salir el sol, por volver a abrir los ojos y por saber que todavía hay un mañana, y que los buenos días [si, para variar] después de todo sí existían.

¿En qué consistió mi buen día? nada de otro mundo [de otro mundo distinto al mío, claro] ya que en primer lugar, pude dormir bastante [siempre duermo mucho, pero hoy sentía que dormir bastante era un regalo solo para los suertudos],  me di una ducha con agua tibia y dejé que el agua callera sobre mi cabeza como deseando nunca salir de allí. Tomé café oscuro, con poca azúcar al desayuno y leí otro capítulo de un interesante libro que por razones inexplicables, todavía no consigo finalizar. Salí a perderme por las calles, fui víctima del tráfico, del calor y del sonido ensordecedor de esta ciudad,  me tome un par de cervezas en el bar “Cordano”, pasé por la casa de la literatura, brindé con champagne y con personas completamente desconocidas, comí un par de chocolates, vi un documental sobre Julio Ramón Ribeyro e inmediatamente solo tenía ganas para hacer una sola cosa… Fumar, por supuesto [para variar]

“Costumbre de tirar mis colillas por el balcón, en plena Place Falguière, cuando estoy apoyado en la baranda y no hay nadie en la vereda. Por eso me irrita ver a alguien parado allí cuando voy a cumplir este gesto. << ¿Qué diablos hace ese tipo metido en mi cenicero?>>, me pregunto…” -161- #Prosas Apátridas – Julio Ramón Ribeyro

Inmediatamente después, llegado a mi habitación, conecté los parlantes, puse buena música y empecé a escribir esto, no sé porque, no sé cómo y no sé para que simplemente creyendo que algún sentido tendría y que tenía, por supuesto que contar, que tuve un “buen día” al menos alguna vez.

¿Bastante bueno mi día, eh? ¿Seguros que no les hice perder su tiempo? [Sé que debí advertirles a todos los que puedan llegar a leer esto que son totalmente responsables de lo que encuentren o de lo que no encuentren en uno de mis posts, pero consideré que solo esta vez, no debía hacerlo]

Sé que esto no tiene nada que ver con algo interesante, es más, nada de nuevo debe existir aquí, pero claro, ¿Qué es un buen día para ustedes? ¿En que consiste la sonrisa de hoy y la razón de que no haya existido ayer? Yo, pues,  creo que acabo de darme cuenta, tal vez, que un buen día para mí, como lo fue hoy, es igual a un día cualquiera, un día de cotidianidad  de todas las personas a mi alrededor, e incluidos todos aquellos que estén leyendo esto justo ahora.  Supongo que tenía que cumplir con una promesa, escribiendo sobre esto, [si se le puede decir así] promesa que no entiendo ni hasta ahora, la que le hice hace ya bastante a alguien quien me pedía producir algo más animado, y que espero, también haya llegado a leer hasta aquí…

En fin, no sé si volveré a sentirme de esta manera, con la sensación ésta que aún no consigo explicar, así que claro, siendo este no un día cualquiera tengo que detenerme aquí, [si, tan rápido] e irme a encontrar y a realizar todas esas cosas tan comunes, que para mí, hicieron de este día diferenteAprovechemos, tal vez y mañana, ya no sea más “un buen día”

“El poeta muerto y solitario, al oído le ha susurrado…”

"Nada, nada de nada que explique este momento, bueno..."

“Nada, nada de nada que explique este momento, bueno…”


“Las Palabras Que Perdimos…”

¿Qué puedo hacer cuando no sé qué decir? Cuando no se me ocurre nada bueno o interesante, ¿Cómo decir lo que tanto he callado? He aquí mi solución, así como Neruda, más no dentro de un verso… es momento de escribir. Lamento que puedan sentirse decepcionados o aburridos [ya saben, las mismas advertencias de toda la vida]

Palabras, tantas palabras en una sola, palabras, tan simple como eso…  ¿Cuántas hemos desperdiciado? ¿Cuántas usamos para decir algo sin sentido? ¿Sin razón? ¿Sin una idea? Aquellas palabras que solamente sirven para atraer la atención por unos instantes, una pregunta sin respuesta, una afirmación sin aceptación, palabras simples que son pronunciadas al aire, y que en el aire, se encargan a sí mismas de desaparecer.

¿Cómo encontrar las palabras correctas? ¿Cómo hacer que a uno pueda ocurrírsele pronunciar aquella frase que pueda romper el crudo silencio, que acabe con las desconfianzas, y que marquen el inicio, tal vez, de algo más que una conversación momentánea, y nada más?

Muchas veces las tenemos atravesadas directamente a la garganta, esperando por salir, y claro, constantemente lo hacen pero, ¿Y si no eran el momento oportuno para ser pronunciadas? ¿Y si no eran las correctas? ¿Y si cualquier otra hubiera servido de mejor manera? ¿Cómo saberlo?

Todos podemos hablar, pegar la lengua al paladar y emitir algo, todos podemos pronunciar un “hola” al ver a alguien y un “adiós” cuando tuviese que marchar, pero es más complicado aún [y no creo que me pase solo a mí] aquel momento, la pequeña parte de un miserable segundo o tal vez menos, en el que deberíamos pensar rápido y decir algo espontáneo y preciso, pero que termina por costarnos mucho el encontrarlo,  para conseguir que podamos decir más a menudo aquel “hola” a ese alguien, y otra, por supuesto, para que ese inminente “adiós”, no llegue tan pronto y tenga que acabarse todo, fugazmente como inició.

Quisiéramos poder ser siempre los mismos, conseguir mantener nuestra personalidad a cada instante, y con quien sea que tengamos delante de nosotros, pero, ¿Podemos hacerlo? Tal vez me dirán que sí, que es muy fácil, pero yo he logrado ganarme ciertas dudas, que hasta ahora no he podido culminar.  Seamos sinceros, ¿Podemos ser completamente iguales, frente a alguien a quien le tenemos plena confianza que con alguien que más que todo, nos inspira deseo, cariño, y aquellas [estúpidas] mariposas en el estómago?[saben a lo que me refiero] No lo sé, pero no lo creo, al menos yo no puedo, y creo que jamás conseguiré hacerlo.

Es demasiado simple conversar con alguien que no te inspira nada, con la que no te liga ningún sentimiento posible, más que tal vez una pequeña amistad. Pero sucede que cuando tenemos en frente a “ese” alguien con el que todo dentro nuestro cambia al momento de verla, ya no es tan simple como pudiese parecer, e intentar agradarle o entretenerla de alguna manera, se vuelve toda una epopeya, de cuesta arriba a cada instante, y corriendo el riesgo de que se ponga cada vez más duro, con cada palabra que digamos, o que no consigamos pronunciar.

“He callado tanto, que las palabras atraviesan mi garganta, y que si no fuera el caso, se encontrarían ahora en tus labios, y no aún, atrapados en los míos…”

Callamos, porque no podemos [o no sabemos exactamente] cómo decir aquello que queremos, pero también pronunciamos ciertas otras algo más inservibles ya, porque en esas circunstancias las palabras fluyen, como si las hubiéramos hablado toda la vida y sin ninguna clase de problemas. ¿Cómo hacer para encontrar el equilibrio perfecto, y saber exactamente qué es lo que hay que decir en cada situación? No me lo pregunten a mí, y sino más bien a todos aquellos que sean lo bastante espontáneos como para ocurrírseles un buen tema de conversación para ese alguien que te reemplaza el habla por un suspiro, y acabar así con toda clase de silencios.

Es por eso que deberíamos preocuparnos, ya hemos perdido tantas palabras, o en su defecto, las hemos dicho cuando no debíamos o frente a quien no se las merecía, que ya desaprovechamos, tal vez, nuestra oportunidad de utilizarlas, y hacer de ellas algo más que esos simples “hola” y  “adiós”, algo que pueda generar una buena conversación, y que a su vez esa conversación genere alguna otra clase de vínculo mucho más fuerte y duradero.

No puedes decirle un “te quiero” a alguien especial, no puedes decir un “¿Cómo estás?” un “Qué bueno verte” o un “Te extrañé toda mi vida” a la mujer que tienes sentada al frente tuyo y que no te presta atención sólo porque no sabes que decirle, y no existe un tema de conversación. No puedes decir un “Quédate conmigo” “No te apartes de mí” o un “Te voy a extrañar” cuando alguien se aleja de tu lado, no puedes simplemente decir un “¿Cómo te va” y así iniciar una conversación porque… Perdiste tus palabras, justamente en esas situaciones frente a aquella persona. Practicaste toda la semana, ideaste conversaciones infinitas que te asegurarían un momento satisfactorio, estabas seguro que saldría todo como lo esperabas… Pero no, estás bloqueado, mientras ella hace todo, conversa con todos, menos  contigo…

“Sentada al frente mío, y yo sin poderte hablar. ¿Qué decirte? ¿Sobre qué conversar? Algo mío que tal vez, ¿Te pueda interesar?”

Así se siente, así se siente querer decir algo, y no conseguirlo, algo así como una mezcla entre decepción, rabia, impotencia y vergüenza para con uno mismo, tragarnos las palabras o nunca haber tenido nada que comer, cuando el silencio lo es todo, y en ese todo nos quedamos.

Quisiera encontrar la manera para poder decir siempre lo que deseo, quisiera tener el valor o los principios correctos para expresar todo aquello que no me sale de los labios, pero en fin, tal vez y por eso escribo estas líneas, para intentar con letras, cuando las palabras no me resultan, ni mucho menos, me existen.

Digan lo que sienten, no pierdan tiempo, no se queden callados, aprovechen sus oportunidades o al menos inténtelo, o tal vez para cuando lean esto, ya habrán desperdiciado bastantes, así, tan igual como suelo hacerlo yo.

En fin, sea como sea, creo que ya no vamos a poder remediarlo, ni ahora, ni nunca, solo tendremos que esperar a una nueva ocasión , tal vez una pequeña, no pidamos mucho, y así, quien sabe, tal vez y pueda remediarse, o tal vez, y no…

No sé si conseguí el objetivo de encontrar las palabras adecuadas para escribir esto, lo más probable sea que no, pero de la forma que resulte, de todos modos ya se me acabaron, o simplemente, ya es mi momento para callar una vez más…

“Cállate, cierra la boca, o simplemente encuentra el infinito…”

El sonido del silencio... Tan atractivo, sólo a veces..."

El sonido del silencio… Tan atractivo, sólo a veces…”


“Olvidando Olvidar…”

Muy bien, no estoy seguro de lo que acaba de pasarme…

Tengo la completa certeza [y lo digo sin titubear, creo] que en un primer momento tenía la intención de volver a escribir unas nuevas cuantas líneas, con un tema de por sí ya predeterminado el cual estas últimas semanas comenzaron a fraguarse en mis pensamientos. Pero ahora, que es justamente cuando me dispuse a redactarlas, pues, y no lo entiendo bien, como que ya no tengo idea de lo que se supone que iba a hablarles.

Esto, pues como entenderán, es una sensación frustrante, de todos modos es la primera vez que me sucede [o la única que alcanzo a recordar], y con más razón, porque me había empecinado en hacerlo, creyendo que esta oportunidad, si sería lo bastante interesante [o eso me gusta pensar, aunque sinceramente no creo que haya sido así] como para deleitar sus [no tengo mejor cosa que hacer, así que me pondré a leer esto] ojos. Asumo que, y a manera de dar una justificación, deberé decir que tal vez, se me olvido, y ya.

En fin, y ahora que empecé a escribir esto y en consecuencia, como ya no puedo parar, supongo que me siento obligado a improvisar algo, y en vista que el olvido hizo gala de sus atributos para con mi persona, me parece correcto que sea esa la razón también, de esta pequeña nueva visita que me gusta hacerles, [a los que lo lean claro, siempre lo he dicho] antes de que nuevamente, y se me dé por olvidarlo por completo

¿Nunca les ha sucedido algo así como que fueron a algún lugar por alguna razón importante, pero que cuando llegan a su destino, ya no tienen idea del porqué es que fueron a parar hasta allí? Bueno, asumo que si [ok, esa sí que es una manera bastante estúpida de empezar a escribir acerca de lo que sea que fuese, así que intentare empezar de nuevo, a ver si sale algo mejor… Aunque claro, aquí entre nos, si les ha pasado ¿Cierto?]

El olvido… ¿Qué podría decir ya? ¿Qué buena definición podría darle yo a algo tan complicado como esto? No puedo estar tan seguro, pero estoy bastante convencido de que muchos, o casi todos, alguna vez hemos pasado por algún tipo de situación, en la que nos olvidamos de algo, tal vez importante, o no tanto, y esto se ha visto de manera preponderante, afectándonos o dándonos ventaja, de una u otra manera.

¿Qué sentirían si de un momento a otro, después de una noche y al despertarse, de pronto, ya no pudiesen recordar absolutamente nada? ¿Como si alguien se hubiera metido a su cabeza mientras dormitaban, borrando todos y cada uno de sus recuerdos?

Así como dentro de un vacío, un hoyo negro al que has caído y en el que no se puede dejar de caer y caer, y no hacer más que caer inconteniblemente para jamás lograr averiguar ni siquiera quien eres, porque tu identidad se acaba de esfumar quien sabe por dónde, porque no puedes recordar nada y más aun teniendo que preguntarte también ¿Qué demonios haces en ese lugar, el cual es como si fuese la primera vez que lo vieras, [de hecho, no sabes si en verdad es la primera vez en la que estás ahí o no] echado en esa cama, vestido con esa ropa tan incómoda, observando objetos de los cuales no se tiene idea alguna, y con esa sensación de haber experimentado toda una vida anterior, pero no poder recordar ni siquiera un ápice? Bastante frustrante ¿Verdad? Y más aún cuando de pronto, una voz pregunta por ti desde algún lugar allá afuera, donde quiera que te encuentres, pronunciando un nombre que te parece tan extraño, pero asumiendo que es el tuyo ya que otra opción no te queda, escuchando que golpean a tu puerta, como si aquella persona fuese de tu confianza, o que tú la conocieras bien, pero sin conseguir acordarte de quien sea que pudiese tratarse. Así que no respondes, te quedas tan callado como tu sombra reflejada en la pared la cual te parece tu única confianza, tienes miedo, todo gira alrededor tuyo, no sabes si confiar y confirmar tu paradero, o simplemente quedarte callado y esperar a poder recordar algo… Y no lo haces, jamás recuerdas quien eras, nunca vuelves a ver el mundo como antes, y esas personas que dicen ser tu familia y amigos te siguen pareciendo tan extraños, y por más que lo intentas, sin importar cuantas veces golpeas tu cabeza contra la pared, cuántas noches te duermes en esa cama y en esa habitación tan ajena a ti esperando que al despertar puedas acordarte de al menos una miserable parte de aquel quien todos te dicen que eres, o fuiste… pero nada…

“Dicen que muerto, probablemente estás. Y las calles del olvido, desiertas están…”

Pero no se trata simplemente en el que uno se olvida de algo y ya está, puede que también alguna persona, tal vez un simple conocido, o alguien a quien se estime mucho, se olvide de algo concerniente contigo, algo que tenía que darte, alguna salida pactada, algún trato que dejo pasar o incluso, que simplemente, se haya olvidado de tu existencia, de que aún respiras por ahí, de que sobrevives y pues, para acortar un poco la cosa, que se haya olvidado simplemente de ti, sin más, ni menos.

Y uno se pregunta, ¿Cómo puede ser eso posible? Bueno, no es que pueda ponerme en todas las situaciones, puede que le parezcas ya poco interesante, ¿Quién sabe? que no le atraigas ni en lo más mínimo, que le hayas dejado de importar por alguna razón, que haya sufrido un accidente de tránsito en la carretera, quedado con heridas muy serias, con muchos golpes en la cabeza y que a consecuencia de eso tu hayas pasado las últimas semanas al borde de su cama de hospital, esperando a que despierte, y cuando al fin lo hace, y tú recibas a esa persona con una sonrisa, seas sorprendido con la peor pregunta que pudiesen hacerte en tu vida…  <¿Quién eres? > [Está bien, olviden eso, creo que es bastante trágico, así que hagan como si nunca lo hubiesen leído, pero no me vayan a decir que no podría pasar, o eso creo]

Pero más frustrante aún, creo que puede ser, que la razón del olvido de esa persona para contigo, sea apropósito, y mucho más aún, que sea total, y completamente, tu culpa y la de nadie más… Y sí, a veces cometemos cosas estúpidas, cosas sin sentido, cosas que no pensamos que pueden llegar a herir, decepcionar, molestar o incomodar a aquella persona a la que se le ha cogido bastante aprecio, pero que solamente por un momento de estupidez, por dejarse llevar, o por ya no conseguir aguantar ni esperar un segundo más, uno llegue a hacer que todo, literalmente, se vaya al carajo [sí, al carajo, o cualquier otra palabra soez que se les venga a la mente, da lo mismo] para luego ya no poder conseguir explicarse, disculparse o intentar remediarlo, siendo ya muy tarde, ya todo está hecho, y es el preciso momento, en que eres testigo, de uno de los olvidos más dolorosos que puedan existir. Se jodió todo, ya no hay más vuelta que darle, tal vez, quien sabe, y sea lo mejor…

“Tortúrame, si quieres. De la forma que sea, más no olvidándote de mí…”

En fin, ¿Y si se tratara de un olvido más popular? ¿Y si uno intentase hacer algo tan importante para que la gente jamás se olvide de él y su recuerdo viva para siempre? Normalmente podemos ser testigos de muchas situaciones como está, como sabemos, las personas van y vienen, unos nacen, y por supuesto otros mueren… Pero existen solo unas cuantas personas, que consiguen de algún modo, que cuando probablemente su cuerpo ya no siga respirando, esté quemado o enterrado bajo varios metros de fría y húmeda tierra, sea como si aún estuviesen vivos, como si su presencia continuara terrenalmente, y jamás, hayan cerrado sus ojos, para no volver a abrirlos hacia la eternidad. Y son pues, aquellas personas que consiguieron influenciar en algo a quienes los rodeaban, quienes hicieron algún acto que haya trascendido de persona a persona haciendo que todos recuerden su nombre, al igual que  un gran músico al que todos escuchamos, un excelente pintor al que todos apreciamos, o algún excelente escritor al que todos leímos [y a los que algunos remedos intentamos al menos y alcanzar]

Esa tal vez es la mejor manera para evitar el olvido, creo yo, ya que la mayoría de gente, solamente consigue que las personas más cercanas se acuerden de él, y ni siquiera para siempre, solo, por un momento, haciendo que el olvido merme con sus actos, muchas veces inservibles, pasando desapercibidos, como si nunca, hubiesen existido. Tal vez y esa sea,  en mi opinión, una de las peores formas de morir…

“La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido…”

#Gabriel García Márquez

Pero no se trata de vivir solamente para que las masas se acuerden de uno, porque si ese es el propósito fundamental, creo que lo único que conseguiremos es quedarnos enterrados aún más al fondo, sin que nadie se acuerde de colocarnos una florcita aunque sea por compasión. Creo más bien, que nadie, debería buscar a toda costa hacer algo para que su nombre perdure, creo que no deberíamos tener la más mínima intención de hacer que alguien se acuerde de nosotros, y solamente dejar que los días pasen, y si nos quedamos simplemente como un ave de paso, o si por alguna extraña razón a alguien se le ocurre acordarse de uno, pues…  Será porque quiso ¿No? al final de todo, ¿Quién podría saberlo?

Bueno, creo que las consecuencias de mis olvidadizos actos, ya les han quitado bastante de su valioso tiempo, pero como siempre, jamás es mi intención hacerlo [si alguna vez ha sucedido, claro, son simples suposiciones] así que como sea, espero y no haber olvidado nada, acerca del olvido…

“Olvidando olvidar,

Olvidamos,

Lo que olvidamos olvidar…”

"Como toda una vida recorrida, la cual no conseguimos recordar..."

“Como con toda una vida recorrida, la cual no conseguimos recordar…”


“Minúsculos Placeres Terrenales…”

< ¿A que viene esto ahora?>

He venido preguntándomelo también durante todo este último año, y pues, aún no puedo dar respuesta a tamaño cuestionamiento [Yo me entiendo, y creo que alguien más también podrá hacerlo]

He podido darme cuenta de los cuantiosos errores que una persona cualquiera, así, común y corriente como la que escribe estas líneas, puede llegar a cometer por el simple hecho de no tener más remedio dentro de su banal, apócrifa, inexplicable y por supuesto inentendible existencia. Y es que son tales errores, que nos llenamos la cabeza por intentar remediarlos, por querer colocar el parchecito, la curita en tu rodilla raspada a los siete años, cuando en verdad muchas veces, ya es difícil enmendarlos, o hasta imposible e inútil.

La existencia es tan cruel, tan traicionera, tan fugaz como las estrellas de turno en una ciudad como esta. Todo debería ser más tranquilo, más fácil, más sencillo, más simple, en general.

Tan simple como todas esas pequeñas cosas, situaciones, experiencias, memorias y demás, que dejamos atrás, que olvidamos, a las cuales guardamos en un cajón y nos tragamos la llave, por el simple hecho de ser así, simples, y nada más, sin aparente importancia alguna.

Aquellos minúsculos placeres terrenales, que ya no nos damos la molestia de contemplar…

Aquella taza de café en la mañana, o esos cinco minutos de más antes de levantarse. El mirarse al espejo y darse cuenta del color de tus ojos y que crecido que uno tiene el bigote. Una ducha de agua caliente, el agua fluyendo por el cuerpo. El dar un paso al exterior y sentir el frío penetrando a través de las ropas, aquellas gotas interminables de lluvia en el rostro, de nunca acabar.

Cerrar los ojos e imaginar lo que más se desea, una buena conversación con alguna persona interesante, una película en el cine, un helado de vainilla y lúcuma al medio día, un cigarrillo por la tarde, otro por la noche. Apagar las luces, intentar dormir, darte cuenta por milésima vez que sufres de insomnio, conocer de memoria el techo de la habitación, y la suavidad de tu almohada.

“Ningún otro cielo en la tierra, cruzó la cara al sí y al no, dejando condena y cadenas, del lado opuesto a la razón…” #Héroes del Silencio

Imaginarle un beso en la mejilla, y otro en los labios, el olor de su perfume, y el de su piel sin el. Observarla sin parar día tras día, y no poder decir más que un hola, llenarla de poemas, que jamás escuchará. Creer que el tiempo pasa, pero que se detiene a su lado, añorar un mundo con ella, y solo tener unas cuantas horas.

Perforarte los oídos de buena música, y los ojos con arte. Leer “El Tunel” de Sabato por la mañana y “Solo Para Fumadores” de Ribeyro a la tarde. Algunos poemas de Vallejo en el instante más inoportuno y a “Rayuela” de Cortazar, cuando se cuenta con bastante tiempo libre.

Los pensamientos más raros pegado a la ventana de algún bus en el transporte publico. Ver los edificios pasar, las luces, los carteles, las personas, una tras otra. Saberse los nombres de las paradas de memoria, y el cementerio de boletos en cada una de ellas, cerrar los ojos, y dormitar en la travesía.

Rostros sonrientes, otros no tanto, enamorarse un par de veces cada veinte minutos, decepcionarse amorosamente entre una y otra, darse cuenta que jamás volverás a ver a ese amor fugaz, saber que no es tan malo, y enamorarse una vez más.

Escuchar poesía en algún teatro escondido, beber un par de cervezas en el más putrefacto bar Miraflorino, andar a paso lento por el malecón de Barranco, observar el mar y su infinito, perder la mirada en el ocaso… y otro cigarrillo imposible.

Intentar redimir tus pasos, pies descalzos en la arena, junto al agua que se lleva tus huellas, y las regresa al eterno olvidado. La brisa del mar que golpea fuerte, estrellando sus formas en las rocas, aullando un viene y va perdido en la atmosfera, queriendo ir y venir, sin poder decidirse por alguno.

Subirse a un avión y literalmente volar, captar las nubes e intentar darles forma, aterrizar en el lugar bastante conocido, estar feliz de retornar. Escuchar su voz una vez más, volver a ver a tu madre después de unos meses, dar paseos nocturnos por los barrios de San Blas y San Cristobal, beber chocolate caliente en el café Ayllu y un pie de manzana para acompañar.

Re encontrarse con los viejos amigos, y también con los que no tanto, saber que no hay mejor lugar, pero que en el ya sólo de visita se puede estar. Volver a volar y regresar a la rutina, volver a verse abrumado por el calor insoportable, el ruido, la velocidad, la perturbarte vida, la gigantesca y horrible ciudad.

Amar la soledad a cada instante, mejor sensación no hay. Todo mejorara, con el tiempo, poco a poco te acostumbrarás. Ya todo no es tan malo, es un precio justo por el que hay que pagar.

Repetirse una tras otra, tras otra vez estas palabras, intentar darle el sentido que no tienen, hacerse a la idea, que significan algo… Volver a dormitar.

El último cigarrillo de la cajetilla… Todo debería ser así de simple…

 

“Simpleza… Como aquellas pequeñas cosas,

Las cosas que hace ya bastante olvidamos,

Y que olvidamos, cuando se nos fueron de las manos…”

Tranquilidad

“Simpleza… Nada más, y nada menos…”


“Teorías Sobre La Felicidad…”

“El ser humano esta ciegamente adherido a la felicidad, no importan las calamidades que le sucedan, siempre deberá buscar o, en su defecto, al no encontrar, inventar alguna tonta razón para sonreír…”

Es tán extraño que me ponga a pensar precisamente en esto, justo en un momento como el que me encuentro; “La Felicidad” algo siempre tan esquivo y totalmente poco conocido para mi persona, algo que en varios meses atrás el solo pensar en hablar sobre eso, hubiera hecho indefectiblemente, que se me escarapele la piel, o por consiguiente, convirtiendose en un tema que no me hubiera dado la molestia de tocar, por simple aberración, o hasta mundada envidia.

No lo sé, y tampoco es que quiera hacerlo, pero deseo dejar en claro, que el hecho de que en esta nueva oportunidad mis intenciones sean las de entregarles una definición sobre lo que significa “Ser feliz” para mí, no quiere decir que esta no contenga indefectiblemente un concepto malintencionado, probablemente erróneo y criticado en potencia por donde lo miren, que creo, al menos en mi caso, no puede faltar.

Como sea, habiendo dado la advertencia del caso, no me queda más que empezar con mi punto de vista, ya que como entenderán, no tengo nada, ni mucho mejor para hacer.

No podría decir que se me ocurrió tan espontáneamente a causa de mis grandes pensamientos [si, claro] que se me vino la idea como si nada y dentro de un momento a otro, así que como entenderán, estaría faltándole el respeto a la memoria de  un extremadamente grande de la literatura, sino indicaría que fue gracias a este personaje que esta “tremenda idea” apareció dentro de mi cabecita, y todo a causa de otra de sus penetrantes frasecitas con la que me tope hace algunos días y que no ah parado de rondar en mi mente desde entonces:

 “Habría que ser feliz, al menos por orgullo…”

# Jorge Luis Borges

Así que pues bien, es por obra y gracia del maestro Borges, que ustedes se encuentren leyendo esto, [los que en verdad lo estén haciendo] y por lo tanto, ya tendrán que decidir después, si optan por echarle toda la culpa del caso a él, o si comienzan a detestarlo de una manera agobiante [De ninguna forma se lo agradecerán, de eso estoy completamente seguro]

En fin, debo iniciar diciendo algo tan calamitoso, que la mayoría de las personas optarán por odiarme, pero que más da, arriesgándome a todo empezaré diciendo que:

“Ser feliz, significa ser estúpido…”

Exactamente, así como lo leen: “Todos nacemos siendo estúpidos. Por ende, y en consecuencia, también, felices de por sí. La cuestión ahora, radica en si queremos dejar de ser estúpidos, y hacemos lo posible para lograrlo, o si optamos por seguir siendo así de felices, creyendo que es como estaremos mejor…”

Esa es la razón de nuestra felicidad, de nuestra sonrisa matutina, de esa risa provocada por alguna broma, de esos guiños y coqueteos a la persona amada. Sí, somos estúpidos por naturaleza, y eso nos hace las personas más felices del planeta, como también, las más vulnerables.

Somos felices enamorándonos ¿No es verdad? Nos encanta sentir esa sensación que corre por nuestras venas, la que nos produce “Mariposas en el estomago” como escuche por ahí. Somos felices sonriéndole a la vida, diciendo y mentalizándonos que el día de mañana todo será mejor, pero, ¿En verdad es necesario?

Detesto a las personas, que buscan encontrar la felicidad hasta en el momento de mayor calamidad, esos totalmente positivos que optan por pensar a cada instante que las tinieblas en algún momento siempre pasarán como si nada, en verdad me caen bastante mal, lo digo enserio, porque si bien es cierto,  pensar que un nuevo día nos espera y que todo mejorará es estupendo, en definitiva, no puedes actuar como si todo fuera permanentemente color de rosa.

Si te golpeas, te duele, si te cortas, sangras, si te hieren, lloras, si algo te perturba, gritas, si te parten el corazón [llamas a todos tus amigos y juntos van a matar las penas aplacándolas  con la primera botella de alcohol metílico que se encuentre, hasta que te olvides completamente de quien eres, cuál es tu nombre, donde vives y la razón a el porqué empezaste a beber, hasta que por supuesto, consigues acordarte de lo sucedido e indefectiblemente se crea un círculo vicioso del que no se puede salir hasta que por supuesto, terminas totalmente inconsciente, y la resaca posterior termina por sacarte la factura] te desahogas…  Así de simple, ¿No lo creen? No podemos ser felices todo el tiempo, eso sería completamente idiota, y es por eso que las personas que dicen querer y ser felices permanentemente, están cegadas por su completa e idónea estupidez.

Pero pensándolo bien, y acabándoseme de ocurrir, dejemos por un momento la idea antes planteada y corrijámosla un poco, ya que en sí, creo que ser estúpidos, y por lo tanto, querer y ser felices, no tienen nada de criticable. Es entonces que cambiando y mejorando la idea ahora tengo que decir que:

“<Ser completamente feliz> no es del todo malo, en cambio, ser <Estúpidamente felices> se lleva los galardones de su lado…”

¡Esa es! ¿Mucho mejor ahora? Debo asumir entonces que con esta pequeña aclaración, ya solo me quedare con el repudio entero de solo algunos de ustedes [si es que el desprecio no los hizo dejar de leer hace ya varias líneas atrás y no hayan llegado hasta este punto por supuesto] pero en fin, creo que entienden mi perspectiva ¿Verdad?

La idea, no está en ser felices todo el tiempo, el punto va, por saber ser felices [ser estúpidos], en el momento correcto, y nada más, todo tiene una hora y un lugar, y no voy a andar con mi sonrisa de oreja a oreja esperando a que cada cosa que haga me salga completamente bien [positivos del carajo]

Uno de mis mejores amigos, [¿Qué digo amigos?] uno de mis hermanos me dijo [justamente cuando le comente sobre este tema, así que aquí le van sus créditos correspondientes] que: “Bien es cierto que todo el puto mundo desea ser feliz, sí, pero también, muy pocos saben lo que es la felicidad verdadera. No podemos pensar que nuestra alegría durará para siempre, sabiendo que todo terminará, y terminará mal en algún momento. La idea pinta bien, suena bien, pero en la realidad, es completamente difícil de lograr tenerla, y sobre todo, mantenerla. Así que por lo tanto, es igual a la esperanza…”  y como diría en un momento como este, otro de los maestros que ambos compartimos:

“La esperanza, es mierda a colores…”

# Daniel F

[Eres el único con quien puedo hablar sobre estas cosas. Gracias por darme siempre tu innecesaria e irreverente opinión cada vez que no la necesito… Dedicado exclusivamente para ti, sí, a ti te escribo, léelo bien, idiota… Tú sabes cuánto te estimo ;)]

En gran medida, digo yo, deberíamos también echarle la culpa [y no me consideren un pagano] a la religión, esa que se nos inculca todos los días y con la que saben, yo ya no llego a estar muy de acuerdo. Eso de pensar que si hacemos el bien, y todo el mundo está feliz con nosotros, incluidos nosotros mismos, ya  tenemos asegurados un puestito en el cielo. A mi no me convence, porque de hecho en primera instancia, si somos la imagen y semejanza de “Dios” y por lo tanto “Dios” piensa así como nosotros, bastante cola en la entrada ya debe de haber, y repleta por gente que solamente vio felicidad, donde debió hallar tristeza.

Es impresionante cómo, y por consiguiente interesante también, la mayoría de las personas pueden optar por colocarse una sonrisa falsa en el rostro, para muchas veces ocultar la tristeza que lleva por dentro, creo más bien que el resultado mínimo que pueda ir en contra de lo que nos sucede, sería por supuesto, el demostrar todo lo que nos pasa, preocupa, decepciona y enloquece a vivas voces, y hacer que de una buena vez por todas, nuestro físico demuestre nuestra demencia interna, en vez de estar escondiéndonos tras una falsa mueca que lo único que hace es empeorar nuestra situación.

“Una sonrisa indulgente,

A la traición más cara.

Esta ironía de entregar la otra mejilla,

Y creerse al decir, que así todo pasa…”

Hasta aquí conmigo, decidan ahora ustedes, cuan felices, o estúpidos, desean ser…

Al menos, y sólo por eso... ¡Grande Borges!

“Al menos, y sólo por eso… ¡La culpa es de Borges! ¡Gránde!”


“Aquella soledad que te fascina, y te perturba a la vez…”

“Llamar a una puerta, y que nadie te abra, caminar por pasillos, y solo percibir tus pasos, gritarle al viento, y que el eco sea el único en responderte, querer hablar con alguien, y que nadie esté para escucharte… He ahí mi soledad“

Qué mejor situación, para escribir precisamente sobre encontrarse solo ¿No les parece?

Nunca pensé que en algún momento iba a tener este sentimiento de “intranquilidad” por así decirlo, de hecho hasta creí que me iba a encantar vivir solitariamente y alejado de todo lo que antes conocía, pero pues como ven, sí, me encanta, y mucho, no lo puedo negar, pero a la vez tengo que decir que en definitiva, me es aún bastante raro y eso ya no puede ser tan bueno.

Y es que probablemente me fascinaba la idea de quedarme solo, manejarme por mí mismo, adquirir algo mas que la “simple libertad juvenil” que todos llegamos a obtener en algún momento, para avanzar un poco más, y aprender a vivir por mis propios medios, y pues, aún me fascina eso ya lo he dicho, no hay sensación mas grande que saber que no encontraras a nadie ahí, específicamente para molestarte la paciencia, o para darte noticias desagradables, que preferirías jamás tener que enterarte.

No se si estén particularmente de acuerdo conmigo, pero considero a la soledad, el desarraigarse de tu familia y alejarse de ella [siempre manteniendo contacto por supuesto] como uno de los grandes pasos en la perdida vida de alguien, que solamente debe mentalizarse en “continuar” y no mirar atrás, más que solo para reírse de todos los errores que se cometieron alguna vez. Entiendo a las personas [lo eh dicho siempre] que consideren estúpida esta opinión, y no las juzgo, de hecho el querer mantenerse en la seguridad de lo “ya conocido” de lo “ya obtenido” y en la confianza de las personas que lo han acompañado toda la vida, es también una gran idea, y por supuesto, saben que nunca espero que apoyen la mayoría de mis opiniones aquí brindadas.

El punto es que, a pesar de que me encante tanto la situación por la que estoy pasando justamente ahora, creo que aún no me eh terminado por “acostumbrar” completamente a vagar sin compañía por ahí como hubiera querido, y por así decirlo de algún modo, todavía sufro eso a lo que muchos  llaman “nostalgia”, la que tantas veces provoca que me pregunte en la cabeza “¿Cómo demonios es que eh llegado a parar hasta aquí? ¿En que momento decidí dar este paso? ¿Habrá sido lo mejor?”

“Porque el fuerte es más fuerte, cuando está solo…”

#Adolph Hitler

Son tantas las dudas que pueden hacerte estragos cuando te das cuenta que “tuviste”  en quien apoyarte en los momentos difíciles, pero que por algún motivo, decidiste dejar todo eso, alejarte, apartarte, fue tu propia decisión, y eso es lo que siempre deseaste y con lo que estas contento, pero inexplicablemente, aún no lo has comprendido a cabalidad.

Después de todo, ¿Qué es lo único que debería importarte? Tu mismo, ¿No es así? Porque claro, la gente no cambia [lo eh leído muchas veces] y por lo tanto no es recomendable ponerle demasiada confianza a alguien más, que no sea por supuesto, tú…

Solamente digo que los desafíos más importantes en la vida de una persona, tendrá que tomarlos sin la ayuda de alguien, porque depende enteramente de uno mismo, y no puedes jugarte por la ayuda de alguien mas todo el tiempo, eso sería completamente absurdo,  como cuando deseases pedirle la mano a tu novia, ¿Tendrás a tu mejor amigo a tu lado para dictarte las palabras exactas que hay que pronunciar? ¿O tendrás que cerciorarte por un familiar al decidir, si quieres o no a tu propio padre? No me parece y en ningún sentido va por ahí, y aunque estas dos pequeñas situaciones parezcan tontas, son sólo míseros ejemplos para comparar su importancia, que es tan igual como en cualquier otra situación…

“Nunca te fíes completamente de la gente, al final después de todo, sabes  que estás solo…”

Particularmente tengo que decir, que así uno se encuentre acompañado por cientos de personas, no hay mejor momento, en el que te encuentras completamente solo, sin nada más que tus propios pensamientos, en el lugar mas tranquilo que puedas hallar, ya que no hay nada mejor para calmar las angustias, que mirar el mar [si lo tienes cerca] o subir al monte mas alto, prender un cigarrillo, observar el cielo bajo la luz de la Luna, escuchar el silencio, y perderse así en tu propia e inadmitida de intrusos, soledad… ¿Alguna objeción? [Sé que sí]

En definitiva, la soledad, no termina de inquietarme, de hecho es una sensación que muy pocos tenemos la dicha de disfrutar por completo, ya que por ciertas características humanas [hablo de algo que leí por ahí] se supone que el hombre no puede vivir solitariamente, sin compañía por mucho tiempo, antes de trastornarse y volverse completamente loco, pero para las personas que ya lo están pues, creo que mas que perturbante, resulta jodidamente hermoso el saber que se puede tener un momento peculiarmente a solas, para ocuparse solamente de uno mismo y pensar, al igual que como cuando estamos en la ducha tomando un baño caliente en: ¿Qué demonios estoy haciendo con mi vida? [¿No me vengan a decir que la ducha no es un excelentísimo lugar para reflexionar?]

Sea como sea, disfruten o no de la soledad y se embrutezcan o no por querer conversar con alguien a cada minuto de su vida, desearía que por un momento, se tomen la molestia de experimentar esa maravillosa sensación de tomarse un tiempo a solas, estoy seguro, que no se arrepentirán…

Hasta aquí llego yo, no se me ocurre algo más estúpido para poner…

“Soledad,

¿Acaso no era eso lo que querías?

Ten, que sea desde ahora, tu única compañía…”

“Por esa soledad que te inquieta, te embarga, y te encanta…”


“Entre la ignorante fantasía, o la cruda realidad…”

Pensar en esto me resulta [tengo que decirlo, se metió dentro de mi cabeza y no eh podido sacármelo con nada] bastante interesante, diría yo, después de todo creo que estoy, o en todo caso, me eh acostumbrando a mi mismo a encantarme pensar en la clase de temas que a muchos podrían causarles disgusto, aberración, terror, o hasta asco [según sea el caso] pero es que supongo que simplemente, tener una idea como esta y querer definirla siempre ah sido agradable y hasta excitante, particularmente en mi [tal vez sea la razón del porque muchas veces me han tratado de loco, no lo sé], como para provocarme ese “No sé que carajos” que me produce el intentar escribirlo inmediatamente a mi manera, [tan tonta o perdida diría yo] para expresar todo esto que una madrugada se me ocurre así sin mas, y con lo que me quedo pensando como un idiota el resto de la semana entera.

En fin, tanto rodeo hasta a mí ah comenzado a cansarme [supongo que ya debería aburrirme yo también alguna vez] así que bien, comencemos de una vez por todas, que al igual que yo querrán que termine tan rápido como inició.

“¿Alguna vez han pasado por un estado de coma?”

Ok, ok la pregunta es bastante directa y hasta tonta porque supongo [y aunque todo en esta vida pueda ser posible yo no lo sé] ninguna de las ínfimas personas que pueda llegar a leer esto haya llegado a un estado vegetal del que hayan salido airosos, ¿O sí? No lo creo, sería muy improbable así que no barajemos esa hipótesis. La idea aquí es bastante simple, ya que creo que la mayoría de mortales alguna vez nos hemos preguntado: ¿Cómo se sentirá entrar en coma? ¿Se puede sentir algo o no se siente nada? ¿Se puede oír? ¿Pensar bajo un libre albedrio? ¿Tener o no la posibilidad de exteriorizar todos esos sentimientos? ¿O es que solamente, uno llega a entrar en un profundo sueño del que no se consigue despertar jamás quedando exento e ignorante, de su verdadero trágico y sobre todo patético estado y de todo lo que lo rodea que parece estar riéndose a carcajadas en su presencia?

No puedo detallar muy bien lo que una persona podría sentir en esta fase de “clara inutilidad” [o claro, si es que en verdad puede sentirse algo, eso no lo sé con seguridad] pero imagino que en primera instancia, debemos considerar esa opción que probablemente hayan encontrado en alguna de esas películas “Hollywoodenses” [como sea que se escriba] lo que ocasiono que te creas de algún modo que alguien que este pasando por esa “suerte” pueda ser consiente de todo lo que sucede aunque nadie pueda dar fe de eso. En este caso si esto llegase a ocurrir, creo que la primera impresión que nos llevaríamos sería que la oscuridad reinante es lo que a uno le impactaría y sorprendería desde que conseguimos darnos cuenta que no estamos dormidos, sin entender aún el por qué carajos le apagaron la vela a uno o en todo caso, por qué es que la noche está durando tanto si es que no nos la creemos y misteriosamente cuando todo se nos ha hecho bastante raro y terrorífico, tampoco conseguimos levantar un parpado, como solemos hacerlo rutinariamente cada mañana para despertar.

“En el momento mas desesperado, nunca sabrás lo que aún te espera…”

Lo siguiente será, obviamente y supongo que es cuando empieza un proceso de desesperación, en el que por algún motivo, nuestras extremidades no parecen responder al impulso de “movimiento” enviado por nuestro todavía consiente cerebro para conseguir articular una señal indicandote que no todo está perdido todavía, ni siquiera “un dedito” de las manos o de los pies [después de todo tenemos veinte, imagino que debe ser bastante frustrante no conseguir mover al menos uno] que demuestre que nuestro cuerpo aún está bajo el mandato de nuestras necesidades y a nuestra clara disposición.

Imaginemos por un momento esta situación, en la que la mente se encuentre sana y salva, pero con la condición de encontrarse atrapada solamente ahí, en la cabeza, mientras el intentar pronunciar una miserable palabra que nunca se llega a ejecutar llega a ser cuestión de vida o muerte, y el tratar de mover lass extremidades sin respuesta alguna podría llevarnos hacia el camino a la tranquilidad. Mientras tanto, después de tantos intentos fallidos de sufrir y desesperarse internamente, tan solo por conseguir levantar uno de los parpados para saber con seguridad, que demonios está sucediendo allá afuera y hallar así una explicación posible y sobre todo, razonable. Pero nada, las horas pasan y es ahí cuando realizas que toda la vida fuiste un “claustrofóbico” [Y tú que te burlabas de los fóbicos ¿No? ahí tienes pues] que nunca se dio cuenta por así decirlo, sin que nadie sepa que los escuchas o peor aún sin la certeza de que volverás alguna vez a controlarte por tus propios medios.

Bastante trágica la idea ¿No creen? Sé que ahora podría no parecerles de mayor problema, pero no creo que les gustase [ni a mí incluso, tengo que decirlo] llegar a parar a una situación así, como para intentar ahorcarse el cuello y morirse de una vez por todas, pero ¡Oh! ¡Que sorpresa! Ni suicidarte puedes porque claro, has perdido toda autoridad sobre tu cuerpo inerte ¡Qué decepción!

Yo [y como saben que no espero que opinen al igual que mi persona] desearía que pasado un tiempo prudencial obviamente, sean considerados con mi inútil cuerpo y  tiren de aquel cablecito que me conecta a esa maquinita [que por cierto ese debe ser otro factor de tortura mas] que indica con ese sonido característico [pip – pip – pip, sé que lo conocen, no esperen que sepa cual es su nombre porque no tengo la menor idea] ante cada latido del corazón produciendo así mayor desesperación [la que tampoco nadie puede oír por supuesto], que el vegetal postrado en la cama al lado suyo aún tiene vida, para así, sin mas ni menos, poder dejar esa tortura y morir de una vez por todas, porque en ese estado, no creo que valga la pena vivir, al menos claro, que uno sea de esas personas alentadas por la opinión popular, [por tu mamá por la religión y demás con los que la mayor parte del tiempo ando en desacuerdo salvo honrosas excepciones] que dicen que “No importa cuanto tiempo uno se encuentre patéticamente a merced de una maquinita y de un medico que no puedes saber si se esta burlando de ti o si esta haciendo el suficiente esfuerzo para hacerte reaccionar, “Hay que seguir haciéndolo vivir por “piedad” total, “Uno de estos años despertara” mientras tu [si, tú] ahí sin poder hacer nada, gritando, desesperándote, pidiendo ayuda, llorando, pataleando y maldiciendo a medio mundo, en tu interior, volviéndote completamente loco, sin que nadie pueda darse por enterado, haciendo que tus alaridos por una muerte inmediata y necesaria, también sean, irónicamente en vano.

Pero ya, seamos un poco menos trágicos y miremos “el lado bueno de la situación” [si algo de bueno tiene no poder mover un pelo claro está] y lo que puede convertir en algo menos difícil nuestro estado actual, y es por supuesto, “la ignorancia” y es que me tendrán que dar la razón, el no estar enterados, el no tener la menor idea y mejor aún, creer que no pasa absolutamente nada y que todo esta igual que siempre, estando dormidos, soñando eternamente, en algún lugar de esos de cuentos de hadas del que nadie querría salirse jamás, ignorando lo que nos pasa verdaderamente… al menos así, no todo sería tan “malo”

Sería bastante alentador supongo, como caminar drogados por las calles, en un lugar donde todo es hermoso, tranquilo y sin la menor preocupación.

“El paraíso se encuentra en nuestras propia cabezas, ahora, dependerá de nosotros, conseguir hallar la entrada…”

Al menos y así, alucinados entre un mundo paralelo que parecería ser el nuestro pero no lo es, divagando solitariamente entre lo que parece ser un sueño interminable, en el limbo de la fantasía con la realidad y donde nada pueda conseguir hacernos enloquecer [al estilo de serie animada japonesa, ¿No se han puesto a pensar que tal vez todos los protagonistas de esas series que paralizaron nuestra alocada infancia hayan estado en un proceso de estado vegetal? ¿Por lo que todas esas aventuras sean todas simplemente parte de sus sueños e imaginación? Claro, sin intentar malograrle la niñez a mi generación entera, me gusta pensar que sería mas o menos así] Debo creer que esa, sería la manera mas piadosa y la que todos deberíamos esperar alguna vez, si tenemos que pasar alguna vez por un momento así, créanme, la ignorancia muchas veces hace que todo sea positivo para nosotros y en esta ocasión, no estar enterado de nada, será también, nuestra mejor opción.

Sea como sea, estemos consientes de lo que nos sucede o  mantenidos ignorantemente en un campo de florecitas corriendo alegremente dentro del lugar en que solo alcanzabas a estar a través de una pantalla de televisión a los diez años, y donde siempre se puede ver a la Luna en el cielo… El estado de coma, el estado vegetal, el de “fruta con piernas” o como sea que se les antoje llamarlo, jamás será la mejor situación para experimentar y mucho menos, la forma mas honorable de morir…

“He pasado años,

Alentado bajo la voz de alguien que no conozco,

Y eh comenzado a creer,

Que nada ni nadie me hará despertar…”

"Entre la fantasía o realidad... ¿Donde es que me deseo quedar?"

“¿Letargo placentero? o ¿Muerte en vida… ¿Donde es que me deseo quedar?”